19/09/2012

La dura verdad sobre el crecimiento mundial

"En cuanto a la tecnología, las innovaciones para ahorrar mano de obra en el procesamiento de la información basado en redes y la automatización de transacciones han ayudado a abrir una brecha entre el crecimiento y la generación de empleo, tanto en el sector transable como en el no transable"

Michael Spence, Premio Nobel de Economía 2001.​

Los países con altos ingresos tienen problemas económicos, en su mayoría relacionados con el crecimiento y el empleo. Actualmente, sus dificultades se extienden a las economías en desarrollo. ¿Qué factores subyacen a los problemas actuales y cuán apropiadas son las probables políticas de respuesta?

El primer factor importante es el desapalancamiento y la consiguiente reducción en la demanda agregada. Desde el comienzo de la crisis financiera en 2008, varios países desarrollados, luego de mantener la demanda con apalancamiento y consumo excesivos, tuvieron que recomponer tanto sus balances públicos como privados, algo que lleva tiempo –y que los perjudicó en términos de crecimiento y empleo.

El sector no transable de cualquier economía avanzada es importante (aproximadamente dos tercios de la actividad total). Para este gran sector, no hay posibilidad de sustituir la demanda local. El sector transable podría contrarrestar parte del déficit, pero no es lo suficientemente grande como para compensarlo completamente.

En principio, los gobiernos podrían eliminar esa brecha, pero la elevada (y creciente) deuda limita su capacidad para ello (si bien el grado de las limitaciones es cuestión de acalorado debate).

De hecho, un informe especial sobre gestión de eventos climáticos extremos, dado a conocer hace un año por el grupo del IPCC que preside, constató que éstos no sólo aumentaron desde 1950 en adelante, sino que seguirán aumentando.

En definitiva, el desapalancamiento implicará que el crecimiento sea modesto, en el mejor de los casos, en el corto y mediano plazo. Si la situación en Europa se deteriora, o se llega a un punto muerto respecto del «precipicio fiscal» estadounidense a principios de 2013 (cuando expiren los recortes impositivos y entren en vigor las restricciones automáticas del gasto), será mucho más probable que la economía empeore.

El segundo factor que subyace a los problemas actuales está relacionado con la inversión El crecimiento de más largo plazo requiere inversión por parte de las personas (en educación y habilidades), de los gobiernos y del sector privado. La inversión insuficiente eventualmente disminuye el crecimiento y las oportunidades de empleo. La dura verdad es que la contracara del modelo impulsado por el consumo que prevaleció antes de la crisis ha sido una inversión deficiente, en especial por parte del sector público.

Si se recorta la inversión para reequilibrar las cuentas fiscales, sufrirá el crecimiento en el mediano y largo plazo, reduciendo las oportunidades de empleo para los jóvenes que se incorporen al mercado laboral. Mantener la inversión, por otro lado, tiene un costo inmediato: implica posponer el consumo.

¿Pero el consumo de quién? Si casi todos están de acuerdo en la necesidad de más inversiones para aumentar y mantener el crecimiento, pero la mayoría cree que otros deben pagar por ello, la inversión será víctima de un impasse en términos de la responsabilidad sobre la deuda –que se reflejará en el proceso político, las decisiones electorales, y la formulación de medidas de estabilización fiscal.

El tema principal son los impuestos. Si la inversión del sector público tuviese que aumentar sin incidir sobre los impuestos, los recortes presupuestarios necesarios en otras partidas para evitar el crecimiento insostenible de la deuda serían inverosímilmente abultados.

El desafío más difícil es el de la inclusión: ¿cómo se distribuirán los beneficios del crecimiento? Se trata de un desafío de larga data que, especialmente en Estados Unidos, se remonta al menos hasta dos décadas antes de la crisis; no fue atendido y ahora atenta contra la cohesión social.

El crecimiento del ingreso de la clase media en la mayoría de los países avanzados se mantuvo estancado, y las oportunidades de empleo han disminuido, especialmente en el sector transable de la economía. La porción del ingreso que se destina al capital ha aumentado, a expensas del trabajo. En especial en EE. UU., la generación de empleo ha sido desproporcionada en favor del sector no transable.

Estas tendencias reflejan una combinación de las fuerzas tecnológicas y de mercado globales, que actuaron durante las últimas dos décadas. En cuanto a la tecnología, las innovaciones para ahorrar mano de obra en el procesamiento de la información basado en redes y la automatización de transacciones han ayudado a abrir una brecha entre el crecimiento y la generación de empleo, tanto en el sector transable como en el no transable.

En el sector transable de las economías avanzadas, la automatización de la manufactura –que incluye la ampliación de las capacidades robóticas y la eventual impresión 3D– se ha combinado con la integración de millones de nuevos participantes a las cadenas globales de aprovisionamiento en rápida evolución para limitar el crecimiento del empleo. La creciente capacidad de las empresas multinacionales para descomponer estas cadenas globales de aprovisionamiento según sus funciones y geografía para luego reintegrarlas con costos de transacción aún menores, elimina la protección de los mercados de trabajo que solía provenir de la competencia local por los trabajadores.

Este desafío es especialmente difícil, ya que la política económica no se ha centrado en las tendencias distributivas adversas que surgen de los cambiantes resultados de los mercados globales. Sin embargo, las distribuciones del ingreso en las economías avanzadas, presumiblemente sujetas a fuerzas tecnológicas y de mercado globales similares son, de hecho, sorprendentemente diferentes. Esto sugiere que una combinación de políticas sociales y normas sociales diferentes efectivamente tiene un impacto distributivo. Si bien la teoría del impuesto óptimo sobre los ingresos se ocupa directamente de la relación inversa entre los incentivos a la eficiencia y sus consecuencias distributivas, aún falta mucho para alcanzar el equilibrio adecuado.

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