03/10/2005

El país que nos habla

Nada mejor que destituirnos de la palabra -asiento de la conciencia crítica- si se nos quiere convertir en ciudadanos pasivos, totalmente sometidos a las leyes del mercado. Ivonne Bordelois, Premio de Ensayo La Nación - Sudamericana.

Ivonne Bordelois
De la nota publicada en el diario La Nación, domingo 2 de octubre.

Aun cuando ha sido posible, lamentablemente, acorralar los ahorros de los ciudadanos argentinos y los planes de porvenir que con ellos se relacionaban, el acorralamiento de la lengua y de la cultura sólo puede realizarse con la complicidad y el consentimiento de la ciudadanía, que en este sentido es perfectamente responsable de lo que pueda ocurrir. Y lo que puede ocurrir, desde el punto de vista lingüístico, puede ser tremendamente negativo o altamente positivo, según las elecciones que se realicen.

Somos muchos los que asumimos como territorio propio el de nuestro lenguaje, y me consta que formamos parte de él todos aquellos que hayamos sentido que, detrás de la degradación tenebrosa que sufre la palabra entre nosotros estos días, hay una amenaza tremenda de pérdida de los últimos baluartes de identidad que nos quedan. Pero lo que nos da una luz fuerte de esperanza es que a esta amenaza sí estamos en condiciones de confrontarla, y sí podemos reconstruir el terreno perdido, siempre que no desertemos de la fe en los poderes de insurrección y resurrección del lenguaje, y siempre que no traicionemos nuestra propia responsabilidad, capacidad, fortaleza y entusiasmo para restituir a la faz de la vida comunitaria estos poderes.

Nada mejor que destituirnos de la palabra -asiento de la conciencia crítica- si se nos quiere convertir en ciudadanos pasivos, totalmente sometidos a las leyes del mercado. Un sistema de prestigios y poderes establecidos verticalmente, con la potencia arrasadora que los medios y los controles políticos han adquirido en nuestros días, se contrapone por su propia naturaleza a esa solidaridad horizontal, espontánea, gozosa y gratuita que es propia del lenguaje.

Como punto de partida fundamental, es preciso recordar que el lenguaje no es un mero instrumento de comunicación: es un cimiento solidario, una visión del mundo que nos conduce a lo más íntimo y precioso de nosotros. Aun amenazado y acorralado por los mercaderes de opio que se multiplican por el planeta, es un don y un bien inalienable que está siempre disponible y abierto a nuestra voluntad de rescate y de restitución.



La realidad del papel - Destruyendo mitos de FAIGA Vimeo en Vimeo.
 


Preimpresión - AGFA / Fundación Gutenberg de Fundación Gutenberg en Vimeo.
 

Para ver ediciones anteriores
Click Aqui