01/12/2007

La buena suerte en los procesos de cambio

La buena suerte es la combinación de oportunidad y preparación. Hay una variable de azar incontrolable de buena suerte y de mala suerte, pero hay otra variable que es de preparación, de actitudes, de comportamientos, de lo que uno hace.

Lic. Alex Rovira, especialista en procesos de cambio, en las motivaciones y los factores que lo alientan, lo retrasan o lo inhiben. Coautor de “La buena suerte”, éxito a nivel mundial.

La buena suerte es la combinación de oportunidad y preparación. Hay una variable de azar incontrolable de buena suerte y de mala suerte, pero hay otra variable que es de preparación, de actitudes, de comportamientos, de lo que uno hace.

Si alguien quiere iniciar un proyecto, un negocio, le aconsejaría varias cosas. Lo primero es que a pesar de que considere que tiene una buena idea, que lo contraste, que sea humilde en el sentido de que admita que, a lo mejor, le será muy útil y le hará muy bien conocer la opinión de los demás. Y también le diría que si cree en lo que hace y está dispuesto a escuchar a los demás, que persevere; que sepa que antes de conseguir un resultado razonable hay que equivocarse varias veces, y que el error es un proceso indispensable en el camino del aprendizaje y del cambio. Además, que ponga toda su energía en aquello que le apasiona, que las cosas las realizamos con mayor facilidad si tendemos a hacer lo que nos gusta y eso lo hacemos encajar con algo que sea útil a los otros.

Para formar un equipo de trabajo deberían integrarse personas con estas características: Primero, las competencias, las habilidades que tiene que desarrollar la persona. Si se necesita un financiero, que sea un buen financiero; si se necesita un buen especialista en marketing, que sepa de marketing. Pero más allá de eso, creo que las dimensiones actitudinales son fundamentales. La primera, carácter y optimismo; no me refiero al optimismo ingenuo y bonachón, de que todo es bonito, me refiero al optimismo del que se arremanga y del que se pone a andar, del que está para servir, del que quiere ser útil; en segundo lugar, la responsabilidad, personas que sepan cuestionarse si algo no va bien en qué medida ellos han contribuido; luego, el coraje, para atreverse a arriesgar; la humildad, para no caer en el narcisismo, sobre todo después del éxito, porque eso es lo que te mata -creo que estamos preparados para enfrentar el fracaso, pero no el éxito-, te puedes volver un imbécil después de un gran éxito. Ser buena persona es fundamental, la integridad es fundamental.



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