06/05/2007

Unidad y renovación

Quiero expresar mi convicción de que, cuando se está al servicio de Francia, no hay campos. No hay más que las buenas voluntades de aquellos que aman a su país. No hay más que competencias, ideas y convicciones de aquellos que actúan por la pasión del interés general.

Algunos conceptos del discurso inaugural del nuevo presidente de Francia, Nicolás Sarkozy (Paris, 16 de mayo de 2007):

En este instante tan solemne, primero, tengo presente al pueblo francés que es un gran pueblo, que tiene una gran historia y que se ha alzado para expresar su fe en la democracia, para decir que ya no quería ser pasivo. Pienso en el pueblo francés que siempre ha sabido superar las pruebas con coraje y hallar en él la fuerza para transformar el mundo.

Pienso con emoción en esa espera, en esa esperanza, en esa necesidad de creer en un futuro mejor que tan fuertemente se han expresado, durante la campaña que acaba de concluirse. Pienso, con gravedad, en el mandato que el pueblo francés me ha encomendado y en esa exigencia tan fuerte que lleva en él y que no tengo derecho a defraudar. Exigencia de reunir a los franceses, porque Francia no es fuerte, sino cuando está unida y porque hoy necesita estar unida para superar los desafíos a los que se enfrenta.

Exigencia de respetar la palabra que he dado y de cumplir con los compromisos, porque la confianza jamás ha estado tan maltrecha, tan frágil. Exigencia moral porque jamás la crisis de valores ha sido tan profunda, porque jamás la necesidad de encontrar puntos de referencia ha sido tan fuerte.

Exigencia de rehabilitar los valores del trabajo, del esfuerzo, del mérito, del respeto, porque esos valores son la base de la dignidad de la persona humana y la condición para el progreso social.

Exigencia de tolerancia y de apertura, porque jamás la intolerancia y el sectarismo han sido tan destructores, porque jamás ha sido tan necesario que todas las mujeres y todos los hombres con buena voluntad pongan en común sus talentos, sus inteligencias, sus ideas para imaginar el futuro.

Exigencia de cambio, porque jamás el inmovilismo ha sido tan peligroso para Francia como en este mundo en plena mutación, en el que cada uno se esfuerza para cambiar más rápido que los demás, donde todo retraso puede resultar fatal y se vuelve irrecuperable.

Exigencia de seguridad y de protección, porque nunca ha sido tan necesario combatir el miedo al futuro y ese sentimiento de vulnerabilidad que desalienta a tomar la iniciativa y a correr riesgos.

Exigencia de orden y de autoridad, porque hemos cedido demasiado al desorden y a la violencia, perjudiciales ante todo para los más vulnerables y los más humildes.

Exigencia de resultados, porque los franceses están hartos de que en su vida cotidiana nada mejore jamás, porque los franceses están hartos de que su vida cotidiana sea cada vez más pesada, cada vez más dura, porque los franceses están hartos de los sacrificios que se les impone sin ningún resultado.

Exigencia de justicia porque, desde hace mucho tiempo, jamás tantos franceses han tenido un sentimiento tan fuerte de injusticia, ni el sentimiento de que los sacrificios no se repartían equitativamente, ni de que los derechos no eran iguales para todos.

Exigencia de romper con los comportamientos del pasado, los hábitos de pensamiento y el conformismo intelectual, porque los problemas que se deben resolver nunca han sido tan inéditos.

El pueblo me ha encomendado un mandato. Lo cumpliré. Lo cumpliré escrupulosamente, con la voluntad de ser digno de la confianza que me han mostrado los franceses. Defenderé la independencia y la identidad de Francia. Velaré por el respeto de la autoridad del Estado y por su imparcialidad.

Me esforzaré para construir una República basada en derechos reales y una democracia irreprochable.

Lucharé por una Europa que proteja, por la Unión del Mediterráneo y por el desarrollo de África. Haré, de la defensa de los Derechos Humanos y de la lucha contra el cambio climático, las prioridades de la acción diplomática de Francia en el mundo.

Quiero expresar mi convicción de que, cuando se está al servicio de Francia, no hay campos. No hay más que las buenas voluntades de aquellos que aman a su país. No hay más que competencias, ideas y convicciones de aquellos que actúan por la pasión del interés general.

Digo, a todos los que quieren servir a su país, que estoy dispuesto a trabajar con ellos y que nos les pediré que renieguen de sus convicciones, que traicionen a sus amistades y que olviden su historia. Son ellos quienes deciden, con su alma y su conciencia de hombres libres, cómo desean servir a Francia.



La realidad del papel - Destruyendo mitos de FAIGA Vimeo en Vimeo.
 


Preimpresión - AGFA / Fundación Gutenberg de Fundación Gutenberg en Vimeo.
 

Para ver ediciones anteriores
Click Aqui