15/01/2012

Lecciones de América latina para Europa

"Desde América latina sólo podemos decir que esa Europa a la búsqueda de “medidas nuevas” para enfrentar la crisis haría bien en mirar el pasado de nuestro continente. Lo que les podemos decir es que no es en la austeridad ni en la apretura extrema del cinturón donde están las soluciones. En el FMI pueden contarles qué pasó con sus recetas de entonces, ya felizmente superadas en esta región."

Por Ricardo Lagos, ex presidente de Chile.
De tantas crisis vividas por América latina, muchos miran a la región en busca de respuestas. Aprendimos, y no fue fácil. Deuda, balanza de pagos, devaluaciones, todo ello nos llevó, entre otras cosas, a regular mejor las instituciones financieras.

Muchos de nuestros países cumplen las reglas de Basilea 1 y 2 y, algunos, hasta se adelantan a las de Basilea 3.

En aquella ciudad suiza, se estableció a mediados de los ochenta el Comité de Supervisión Bancaria, una especie de banco de los bancos donde se definen las normas de buen gobierno de estas instituciones financieras. El primer acuerdo fue de 1988, al que siguió otro en 2004, ya como entidad con gran reconocimiento mundial para definir control de riesgo, relación sólida entre activos y disponibilidad, además de mayor transparencia. Dados incumplimientos y crisis de algunos, llegó el tercer acuerdo, más exigente, en septiembre de 2010.

Ese es el contexto en que nos movemos.

Una lección del pasado: frente a una crisis de deuda, ésta debe ser cortada y concentrada en una institución.
Así ocurrió en Chile en 1982, cuando una devaluación llevó a una crisis a toda la banca, porque sus deudas eran en dólares y entregaban créditos en pesos. El Banco Central asumió la deuda y cumplió con los pagos. Los bancos pasaron a ser deudores del Banco Central, con pago a plazo tan largo que aún hoy existen bancos con deuda pendiente.

La crisis de los 80 por la deuda fue generada no tanto por los compromisos contraídos por el gobierno en Brasilia, sino por las obligaciones tomadas por los diversos estados federales. El presidente Fernando Henrique Cardoso señaló a los acreedores internacionales: “Mi gobierno se hace cargo de la deuda” y pagó. Pero impuso a cambio de ese salvavidas, para que esto no volviera a ocurrir, una regla implacable: los estados no podrán contraer créditos externos sin autorización del gobierno central y su ministro de Hacienda.

Frente a la crisis en Grecia, Portugal, Italia y España, y sus impactos en Francia y, por extensión, en Alemania, son muchos los que comparan las medidas que allí se están aplicando con la forma que América latina enfrentó la crisis. Aquí emergió un sistema más sólido, pero junto a la institucionalidad hubo países cuya primera opción fue controlar el impacto social de la crisis. Ahora, cuando se ha buscado que los bancos -especialmente alemanes- perdonen un 50% de la deuda griega, se demuestra que, en ciertas circunstancias, suspender los pagos es también una herramienta de estrategias a largo plazo.

Lo que ocurre en Europa es de una ceguera que, mirado desde acá, nossorprende. Se requiere que un poder central, único, asuma toda la tarea, aunque ello signifique recortar poderes nacionales en el ámbito de las finanzas. Pero sin autoridad mayor, que ordene y regule la marcha financiera y salve el euro, la economía europea seguirá dando tumbos. Y, lo más grave, deteriorando las condiciones de vida de su gente.

Por esta razón dijimos hace algún tiempo, que la solución estaba en Bruselas, sede de la Unión Europea, y no en Atenas.

El Banco Central Europeo debe ser un prestamista de última instancia. Debe estar profundamente comprometido en la gestación de un Tesoro europeo, tener capacidad de emitir eurobonos e imponer fórmulas de control en las políticas fiscales.

Hoy el tema es de confianza; cuando no la hay, ocurre lo que les pasó a los italianos, obligados a cuadruplicar el interés que pagaron para conseguir colocar 8 mil millones de euros en letras a seis meses y 2 mil millones en bonos a dos años. Y Alemania sólo pudo colocar el 60% de sus bonos a diez años, en lo que el propio gobierno alemán calificó del peor resultado en su historia reciente.

Se equivocan las autoridades alemanas cuando piensan que lo importante es combatir la inflación, como si ésta ya hubiera llegado, y presionan por más austeridad a nivel social y políticamente insoportable. La deuda es cada vez más impagable porque los intereses suben y no se ve que se adopten medidas contundentes por la Unión Europea. Con un diferencial de 7 u 8 por ciento sobre lo que paga la deuda alemana en interés, Grecia o Portugal no pueden pagar.

Ya Moody´s, la clasificadora de riesgo, catalogó de “basura” los bonos de Portugal.

Estados Unidos en su momento violentó todas las reglas. El Estado tomó las riendas.

Se tiró el salvavidas a bancos de inversión, a compañías de seguro e incluso a empresas industriales, como General Motors.

Pero se puso una condición: transferencia de activos al gobierno. Se pueden discutir la operación y sus resultados hasta la saciedad, pero hubo decisión y autoridad.

¿Cómo van a regular sus instituciones financieras? ¿Cómo van a exigir una mayor capitalización de los mismos? ¿Cómo van a enfrentar lo que son las nuevas formas de financiamiento internacional que en la práctica escapan de todo tipo de regulación? Estas son las tareas que hoy el mundo se pregunta al ver la situación de Europa.

Así, hay una serie de medidas urgentes e inmediatas a tomar, que eviten el contagio y controlen de una vez la situación, actuando desde una política común y no de lo que algunos ven como la tendencia a dos Europas: la de los fuertes aún no contaminados y la de aquellos periféricos con economía en crisis.

Tiene razón Gordon Brown cuando dice que “los tres problemas de la crisis (la crisis de su sistema bancario, la de los déficit fiscales y la de debilidad del crecimiento) es una crisis paneuropea”. El auxilio que dan hoy otros Bancos Centrales, como el de EE.UU., Japón, Inglaterra y otros, no resuelve estos temas de fondo.

Desde América latina sólo podemos decir que esa Europa a la búsqueda de “medidas nuevas” para enfrentar la crisis haría bien en mirar el pasado de nuestro continente. Lo que les podemos decir es que no es en la austeridad ni en la apretura extrema del cinturón donde están las soluciones. En el FMI pueden contarles qué pasó con sus recetas de entonces, ya felizmente superadas en esta región.

Fuente: Diario Clarín de Buenos Aires, domingo 4 de diciembre



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