21/02/2005

El nuevo contexto post default

La oportunidad es única y última , el optimismo y la confianza dominan las decisiones de los agentes económicos. No es tiempo de triunfalismos y demagogias que ya han demostrado sus resultados y dejado endeudadas a varias generaciones. Sólo falta que el Estado contribuya con una cuota de racionalidad a fin de no esterilizar este nuevo y mayúsculo esfuerzo de la sociedad. Fernando Leiro, presidente de FAIGA. Conceptos del editorial de ARGENTINA GRÁFICA CROMÁTICA Nº 375

Luego de cuatro años de recesión, crisis social e institucional de dimensiones desconocidas se inició un ciclo positivo que ya lleva dos años. Se logró recuperar el principio de autoridad y orden, indispensables para cualquier proyecto común con futuro. La economía real se recupera a un ritmo de características sobresalientes. La sociedad lentamente recupera sus rasgos históricos. Los grupos radicalizados retroceden en su capacidad de convocatoria y la racionalidad lentamente predomina en las acciones de los ciudadanos.

Los desordenes económicos y financieros instalados entre nosotros junto con el nuevo siglo parecen haber llegado a su fin. Solo faltaba que el gran responsable de toda la crisis, el Estado con su crónica insolvencia financiera de ya más de 50 años, decidiera ordenar su propia conducta para no trasladar, cíclicamente, futuras crisis al sector privado.

El orden y la disciplina fiscal no podían ser completos si el Estado no encaraba eficazmente el tratamiento de la gran deuda originada en más de medio siglo de indisciplina y hasta displicencia fiscal. La consolidación y reprogramación del endeudamiento era una tarea indispensable para crear las condiciones necesarias para que el ciclo virtuoso no abortara rápidamente con una nueva crisis financiera del sector público.

Sobre la estrategia empleada solo es objetable el tiempo transcurrido en llegar al objetivo, aunque no pocos consideran que el factor cansancio terminara afectando positivamente los resultados, ya que actuó como bálsamo sobre los tenedores de bonos, ante una quita altamente significativa muy difícil de asimilar sin mediar un prolongado tiempo de alta incertidumbre.

Los resultados esperados se descartan como buenos en términos de aceptación no obstante el antecedente de insolvencia será un estigma que dependerá exclusivamente de la capacidad futura que exponga el deudor ante sus, obligados, acreedores de no cometer nuevos deslices. Si esta seriedad y rigor en términos fiscales se consolidan, las perspectivas post default serán sin lugar a dudas muy positivas.

El sistema internacional recuperará rápidamente la confianza en las empresas y negocios de Argentina y nuestras empresas accederán nuevamente a la inmensa corriente de capitales que fluye actualmente hacia países emergentes como inversiones directas y líneas de financiamiento para inversiones privadas locales. Es poco probable y absolutamente no deseable que el Estado recupere para sí credibilidad como deudor en el mercado externo y acceda al mercado voluntario internacional.

El panorama parece entonces optimista y próspero, no obstante hemos puesto el acento en la cuestión que fue causa del colapso y que podrá ser causa de un nuevo fracaso si no se alcanza a comprender cabalmente. La solvencia fiscal.

Esta solvencia fiscal hoy parece lograda, no obstante sería oportuno repasar algunas cuestiones que consideramos importante no perder de vista a fin de no malgastar una nueva y extraordinaria oportunidad.

Si observamos objetivamente los resultados presupuestarios y la estructura de los ingresos públicos podríamos ver que el robusto superávit se basa casi exclusivamente en impuestos distorsivos que sólo pueden sostenerse por poco tiempo. Retenciones a exportaciones y transacciones financieras son una muestra. Esta situación se agrava si percibimos que estos impuestos recaen con exclusividad en agentes económicos formales que ya pagaban impuestos. Como resultado tenemos una presión tributaria excesivamente concentrada sobre pocos contribuyente quienes ya demuestras estar al límite de la indiferencia, es decir pensando seriamente en no producir habida cuenta de los beneficios después de impuestos o bien incursionar en informalidad ante el atropello de la competencia desleal. Sobre la informalidad y los nefastos resultados sobre el orden social y económico que crea aún no se perciben actitudes decididas.

Esta cuestión no es menor más bien diríamos que es central a los efectos de que el período post default promocione el circulo virtuoso iniciado hace dos años.

Es evidente que solo será sostenible a mediano plazo con una estricta disciplina en el gasto y una equitativa y eficiente distribución del esfuerzo impositivo entre toda la sociedad.

La oportunidad es única y última, el optimismo y la confianza dominan las decisiones de los agentes económicos. No es tiempo de triunfalismos y demagogias que ya han demostrado sus resultados y dejado endeudadas a varias generaciones. Sólo falta que el Estado contribuya con una cuota de racionalidad a fin de no esterilizar este nuevo y mayúsculo esfuerzo de la sociedad.



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