28/03/2005

“No todo da igual”

Esta promoción que hoy se recibe empezó en los años más difíciles de la Argentina contemporánea, de la industria gráfica en particular y de Fundación Gutenberg ”. Comenzó señalando el Director General de la Fundación Gutenberg, quien prosiguió: “Esos momentos de gran crisis y de angustia son muy propicios para la confusión de los valores. Al sentirse inestable, la gente no sabe muy bien como posicionarse. Dijo el Director General de Fundación Gutenberg, Lic. Roberto Candiano.

“Las empresas que apuesten al ser humano, al desarrollo de sus capacidades, a la participación y promoción de los mismos, serán las que estarán en mejores condiciones para la competencia y la productividad”.

Palabras del Lic. Roberto Candiano, Director General de Fundación Gutenberg, durante el acto de entrega de diplomas a la Promoción 2004 de las carreras terciarias de la entidad.

“Esta promoción que hoy se recibe empezó en los años más difíciles de la Argentina contemporánea, de la industria gráfica en particular y de Fundación Gutenberg ”. Comenzó señalando el Director, quien prosiguió: “Esos momentos de gran crisis y de angustia son muy propicios para la confusión de los valores. Al sentirse inestable, la gente no sabe muy bien como posicionarse ”. Por eso quiso basar sus reflexiones en un libro que, precisamente en el aciago 2002, había encontrado por casualidad en una librería un día en el que iba caminando “muy rayado” por la Avenida de Mayo. La profesora de filosofía María Alicia Brunero escribió “No todo me da igual” en forma epistolar dedicado a su sobrino.

Contó que el libro comenzaba diciendo: “Si querés, comenzaré por una aproximación a lo que entiendo por moral, y digo aproximación porque ya ha concluido la hora de las definiciones. Definir es casi liquidar lo definido, dejarlo como paquete con moño y todo; es un modo de cosificar la realidad. La moral no se puede cosificar. Es una realidad siempre dinámica y cuestionable. Por ello, para mí, la ética comienza cuando no todo me da igual. No me da igual faltar a clase que ir, ni ayudar a un amigo que borrarme, ni participar en política que declararme extranjero.

“De estas cuestiones hondas y cotidianas está llena nuestra existencia y a ellas pertenece la moralidad. Es verdad que también puedo decir que no me da igual comer un sándwich que una porción de pizza, pero esto no supone a primera vista un problema moral, y digo a primera vista porque si comer el sándwich o la pizza o lo que fuera, implica un abajamiento de mi dignidad o la del otro, la decisión se convertirá inmediatamente en una cuestión moral. Así, si no hay más que una pizza y somos unos cuantos y no nos es posible acceder a otra, habrá qué ver quién debe comer y cuánto debe comer, y ese es un problema para el discernimiento ético. Y también puedo estar yo sólo y tener sándwiches de sobra pero tengo prohibida la sal o las grasas por prescripción médica, entonces es una obligación moral conmigo misma el no comer lo que me puede dañar. “Como ves, la moral está entrañablemente unida a la relación entre los seres humanos. No hay moral más que entre seres humanos, inclusive en las relaciones conmigo misma como ser humano puedo actuar éticamente o no. No hay ética más que frente a otros. Se trata de un empeño rabiosamente social, frente a nosotros y entre los otros. Si por hipótesis de laboratorio me aíslo completamente de los otros, me extirpo de toda compañía y sigo considerándome bajo la perspectiva ética, lo hago en tanto sigo dialogando conmigo misma como representante del otro abolido en quien he de hacerme humano. Aquí no caben trampas, la autonomía, la altiva integridad, la excelencia no valen si no es respecto de los otros.

“En todo caso podrás comprobar sin ir muy lejos, cuál visión de la moral como hecho individual rige entre nosotros. Para la sociedad corriente relegar la ética al ámbito absolutamente íntimo no deja de ser un logro. Cualquier programa tonto de la televisión insiste en considerar este individualismo como un derecho constitucional, confundiendo gravemente los conceptos. Debemos empeñarnos empecinadamente en des-privatizar la moral. Hay que volver a la noción de ser humano con otros, como una posibilidad de ser y es que se trata de ser hombres personas nunca individuos.”

Aplicando la lectura a lo vivenciado durante la terrible crisis atravesada por el país, se refirió el licenciado Candiano a la responsabilidad social que había mostrado el empresariado gráfico logrando “que hoy este sector industrial tenga la ventaja competitiva de contar con un instituto educativo que provee mayoritariamente los recursos humanos que necesita la industria” mientras que otros sectores industriales se encuentran actualmente desesperados intentando formar recursos humanos cualificados y tropiezan con el obstáculo de que “ que la educación requiere de tiempos porque implica procesos de asimilación gradual ”. En relación a ese punto resaltó la decisión del presidente de la Fundación, señor Armando Espósito, para promover cambios y transformaciones a largo plazo en momentos en que la institución soportaba los graves embates de la crisis. Así definió el licenciado Candiano esa gestión: “ En unos años dominados por el cortoplacismo, el señor Espósito pensó a lo grande y esa actitud comprometida es lo que está llevando a Gutenberg a tener estatus académico, educativo y técnico dentro y fuera del país. En esta misión también quiero destacar el incondicional apoyo del señor Fernando Leiro, desde FAIGA, a nuestro proyecto”.

“No es lo mismo productividad y competitividad excluyendo a los trabajadores que integrándolos a todas las fases del proceso productivo ” enfatizó el licenciado Candiano e igual hizo con el hecho de que el ser humano está antes que la cibernética informática, la tecnología, la comercialización, los mercados, la gestión de la calidad, pues la persona es la que da sentido a todos esos procesos. “ Las empresas que apuesten al ser humano, al desarrollo de sus capacidades, a la participación y promoción de los mismos, serán las que estarán en mejores condiciones para la competencia y la productividad ”. Asociando la tecnología con lo estándar, lo homogéneo, lo rutinario, agregó “ el ser humano calificado es el que rompe, el que se diferencia, el que propone e inventa, y es el que crea y que se compromete”.

“ Tampoco es lo mismo tomar la docencia como una tarea trascendente al servicio del bien común que tomarla como un proyecto individual meramente económico ”. Observó el licenciado Candiano que el desafío prioritario de la época es formar recursos humanos de calidad y que para lograr ese objetivo fundamental hay que contar con buenos docentes, puntualizando también: “ El comprometer a los mejores técnicos y profesionales como docentes es hoy en día una tarea titánica, porque la misma industria a la que respondemos retiene a esos profesionales ”. Explicó que en la Fundación se había adelantado mucho al respecto, pero que aún se enfrentaba a áreas críticas, como la preimpresión, para las que era necesario el compromiso solidario de las plantas industriales a fin de que impulsen y faciliten que sus mejores técnicos y profesionales transmitan sus capacidades. Ejemplificó así: “ La Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Córdoba alcanzaron su prestigio histórico porque los mejores profesionales que allí se formaron retribuyeron luego a su Universidad con sus conocimientos y experiencia. Gutenberg no será un gran proyecto económico para los docentes, pero sí es y con creces un proyecto de implicancia y de trascendencia histórica para el sector, y es lo que nos seguirá haciendo grandes”.

En el mensaje a los egresados de la promoción 2004, siguió el licenciado Candiano la relación ética inicial: “ No es lo mismo ir a trabajar que tomar el trabajo como una fuente de crecimiento personal y social. Hagan todo lo posible para participar, para proponer, implíquense con la tarea, intégrense a los proyectos y a los distintos grupos de trabajo. Gocen el trabajo. Aprendan siempre sea cual fuere el resultado. Sean buenas personas aunque nadie lo vea. No es fácil, todo lo que vale tiene su contravalor, pero es lo que le da sentido a la vida ”. Cerró estas consignas con un soneto de Francisco Luis Bernárdez, recogido en la obra “La ciudad sin Laura”:

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido

si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado

si para estar enamorado
fue menester haber estado herido

tengo por bien perdido lo perdido
y tengo por bien llorado lo llorado

porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado

si no después de haberlo padecido,
porque después de todo he comprendido

que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.



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