10/03/2013

El fracaso de una irreflexiva austeridad

Las naciones que impusieron la austeridad sufrieron profundas recesiones, y cuanto más dura la austeridad, más profunda la recesión. De hecho, esa relación es tan fuerte que el FMI, en un sorprendente mea culpa, admitió que había subestimado el daño que causaría la austeridad

Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008.
Hace dos meses, cuando Mario Monti renunció al cargo de primer ministro de Italia, The Economist opinó que "la inminente campaña electoral será, sobre todo, un test de la madurez y el realismo de los votantes italianos". La actitud madura y realista, es de presumir, hubiese sido volver a poner a Monti -que fue esencialmente impuesto a Italia por sus acreedores- en el cargo, pero, esta vez, con un mandato democrático real.

Bueno, no salió para nada bien. El partido de Monti ocupó apenas el cuarto puesto. El tecnócrata no sólo quedó muy lejos del esencialmente cómico Silvio Berlusconi, sino también del un verdadero cómico, Beppe Grillo, que se convirtió en una poderosa fuerza política.

El panorama no deja de ser extraordinario, y generó una ola de comentarios sobre la cultura política italiana. Pero sin querer convertirme en un defensor de la política "bunga-bunga", me permito formular una pregunta obvia: ¿qué ha hecho exactamente de bueno por Italia y por Europa en su conjunto eso que actualmente se hace pasar por realismo maduro?


Porque de hecho Monti fue el procónsul instalado por Alemania para aplicar por la fuerza la austeridad fiscal sobre una economía ya claudicante: en los círculos políticos europeos, lo respetable es sinónimo de voluntad de aplicar una austeridad sin límites.

Eso estaría bien si las políticas de austeridad funcionaran en los hechos, pero lo cierto es que no. Y lejos de parecer maduros o realistas, los promotores de la austeridad suenan cada vez más petulantes y autoengañados.

Consideremos cómo se supone que deberían haber funcionado las cosas hasta ahora. Cuando empezó el romance de Europa con la austeridad, los altos funcionarios descartaban que el recorte del gasto y el aumento de impuestos en economías deprimidas pudieran profundizar la depresión. Por el contrario, insistían ellos, esas políticas inspirarían confianza, dando así impulso a la economía.

Pero el hada de la confianza no apareció. Las naciones que impusieron la austeridad sufrieron profundas recesiones, y cuanto más dura la austeridad, más profunda la recesión. De hecho, esa relación es tan fuerte que el FMI, en un sorprendente mea culpa, admitió que había subestimado el daño que causaría la austeridad.

Mientras tanto, la austeridad no alcanzó ni el objetivo de mínima de reducir el peso de las deudas soberanas. Por el contrario, los países que aplican la austeridad dura han visto aumentar el porcentaje de deuda sobre su PBI, porque el achicamiento de sus economías fue mucho más veloz que cualquier reducción de la tasa de endeudamiento.

Y como las políticas de austeridad no fueron consecuencia de políticas expansionistas en otras partes del mundo, la economía europea en su conjunto -que en realidad nunca se recuperó mucho de la caída de 2008- está de vuelta en recesión, y con un desempleo todavía más elevado.

Con todo esto, uno habría al menos esperado alguna reconsideración o un examen de conciencia de parte de los funcionarios europeos, alguna pizca de flexibilidad. Sin embargo, los más altos funcionarios se han vuelto todavía más insistentes con la austeridad como único y verdadero camino.

Así es que en enero de 2011, el vicepresidente de la Comisión Europea, Olli Rehn, elogió los programas de austeridad de Grecia, España y Portugal y predijo que en particular el programa griego daría "beneficios duraderos". Desde entonces, el desempleo se disparó en los tres países, pero por supuesto que Rehn publicó en diciembre pasado un artículo de opinión titulado "Europa debe seguir por el camino de la austeridad".

Lo que hace volver a Italia, un país que más allá de todos sus aspectos disfuncionales aplicó responsablemente una fuerte austeridad? y ha visto cómo su economía se achicaba velozmente.

Los observadores internacionales están aterrados por las elecciones en Italia, y tienen motivos: por más que la pesadilla de un regreso de Berlusconi al poder no llegue a materializarse, el fuerte desempeño electoral de Silvio Berlusconi y Grillo amenaza no solo con desestabilizar a Italia, sino a Europa entera.

Y no olviden que Italia no está sola: los políticos poco respetables están en alza en toda Europa. Y la razón de que esté pasando esto es que los europeos respetables no están dispuestos a admitir que las políticas que les han impuesto a sus deudores han sido un fracaso rotundo. Mientras eso no cambie, las elecciones en Italia serán apenas un anticipo de una peligrosa radicalización en ciernes.

Fuente: La Nación, martes 26 de febrero de 2013
 



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