06/09/2015

Espíritu emprendedor de los pequeños, medianos y grandes industriales de la Argentina

“No existe país desarrollado en el concierto de naciones que no sea un país industrial. … Estoy convencido de que a partir del esfuerzo y la cultura del trabajo podemos construir los cimientos sólidos de la Argentina productiva”. De Héctor Méndez, presidente de UIA.

Discurso pronunciado por el presidente de la Unión Industrial Argentina, D. Héctor Augusto Méndez, en ocasión de la celebración del Día de la Industria

Una vez más, esta fecha nos congrega para celebrar y realizar un balance con perspectiva histórica sobre nuestra condición de industriales. Por ello hemos hecho, como es tradicional, una extensa y representativa invitación a todos los referentes de la vida empresaria, política y el quehacer de nuestro de país. A todos Uds., presentes hoy aquí, nuestro más cordial saludo y agradecimiento.

Hoy, no sólo es el día de la industria, de los fierros, de las máquinas, de los productos, de la innovación y la tecnología; es también nuestro día, el día de los empresarios industriales. Por sobre todas las cosas, celebramos el espíritu emprendedor de los pequeños, medianos y grandes industriales de la Argentina. Ese conjunto de hombres y mujeres que día a día tienen la tarea de invertir, producir, y dar trabajo en mercados cada vez más competitivos y llenos de incertidumbre.  

Hombres y mujeres que continúan el legado de actores clave en la historia de nuestra industria como Juan Echegaray –fabricante de calzado de lona con suela de yute– y Roberto Fraser –productor de máquinas y telas–, quienes hace 130 años, en 1885, creaban una empresa insignia de nuestra industria: la Fábrica Argentina de Alpargatas S.A. Aquellas instalaciones para producir calzado asombraron a los contemporáneos e hicieron de Alpargatas una de las primeras empresas multinacionales proveniente de un país en vías de desarrollo. Una muestra clara de lo que el empuje de nuestra industria, ya en el siglo XIX, demostró que puede generar.  

Veinte años antes, hace ya más de 150 años, Melville Bagley lanzaba la bebida Hesperidina, primera marca patentada de la historia argentina. A pocas cuadras de allí, la Fábrica de Cerveza Bieckert –que producía desde 1860– inauguraba su nuevo establecimiento en Retiro. 
Estos son tan sólo algunos hitos que definen nuestra rica historia como industriales. Y es por aquellos pioneros que hoy podemos convocarnos aquí, haciendo un balance en clave de perspectiva histórica, vinculándonos, a través del trabajo institucional con nuestro pasado, trabajando el presente y pensando hacia el futuro.

Los miembros de la UIA formamos parte de este entramado de representación federal que compone una trayectoria de 128 años de respaldo. Casi 130 años en los que nada ha resultado fácil: atravesamos momentos que fueron marcados por el crecimiento, el bienestar y la expansión hasta períodos donde nuestra institución incluso llegó a ser intervenida.  

La experiencia adquirida, nuestra presencia sectorial y el fuerte carácter federal son los elementos constitutivos que hacen de la Unión Industrial Argentina una institución que condensa esfuerzo y compromiso con el sector productivo a través de su vigencia.  Una Unión Industrial que se opone al falso dilema que busca enfrentar a pequeñas con grandes empresas.  Porque no hay Pymes sin empresas grandes que las potencien.  Porque no hay empresas grandes sin una base amplia y diversificada de Pymes que sean sus proveedoras o clientes. 

Por ello reconforta que hoy, como hace 128 años, celebremos este día en nuestra casa, junto a todos ustedes: industriales, colegas empresarios, funcionarios, representantes de los diferentes espacios políticos, de los sindicatos, de las delegaciones extranjeras en nuestro país, de las universidades.  Este auditorio que conformamos todos, cristaliza el trabajo incansable de la UIA por establecer vínculos profundos y duraderos con todos los actores de la realidad nacional. 
Puedo dar fe de esto: me han distinguido con el honor de ser presidente de esta casa en tres períodos diferentes, y en cada uno de ellos, la unidad de los industriales, la voluntad constructiva y la vocación de servicio han sido una constante. 

Y eso no es solamente fruto de la iniciativa individual de este presidente, es parte del trabajo colectivo por el que quiero agradecer a los socios, a los miembros de Junta y Comité Ejecutivo, al Secretario y al staff UIA.   Esta articulación que cultivamos y acuñamos como valor diferencial a través del tiempo, es la que me permite augurar el éxito de la nueva conducción que será encabezada por Adrián Kaufmann. Un nuevo período institucional comienza en breve, en el que la vocación constructiva y de excelencia seguirán siendo constantes.

En el horizonte que demarca el futuro cercano, se delinean desafíos concretos y urgentes para nuestro país. Encararlos requiere un cabal entendimiento que condense coordenadas precisas: de dónde venimos, en qué lugar nos encontramos y hacia dónde deberíamos direccionar nuestros esfuerzos. 

En el pasado reciente, desde 2002 hasta 2011, el crecimiento industrial ha mostrado un dinamismo histórico, marcando sin dudas un período fructífero para nuestra industria. Esto fue la resultante del trabajo mancomunado de empresarios y Estado para consolidar un modelo productivo. Pero lejos de ser un punto de llegada, esto es una plataforma para el despegue: estas cifras muestran que recién recuperamos el nivel de producción per cápita industrial de 1974. 

Diferentes factores internos y externos han concurrido para obturar aquel dinamismo. El nivel de producción industrial para este año estará 4,5% debajo de las cifras de 2011. Las exportaciones de origen industrial del primer semestre de 2015 fueron 16% menores que hace 4 años; en un marco donde resulta más complicado generar nuevos puestos de trabajo en el sector privado formal.  Siempre insistimos en que es bueno tener una mirada anclada en los datos objetivos, para poder comprender cabalmente que ni en 2011 vivíamos en una panacea ni en la actualidad estamos al borde del precipicio. 

Este panorama nos demuestra que hoy la situación es otra: superar las adversidades junto con la necesidad de impulsar la concreción de políticas clave para el desarrollo industrial son desafíos que debemos encarar para sobreponernos a la ralentización que hoy registramos. 

Desde la UIA monitoreamos constantemente estas temáticas con el objetivo de elaborar diagnósticos precisos que permitan generar propuestas concretas, colaborando de manera constructiva en la generación de un marco propicio para el crecimiento, la inversión y la mejora del salario real en forma armónica. 

Es por ello que nos parece relevante trabajar articuladamente en aspectos clave para la mejora de la competitividad sistémica, tales como: 

•    Revisar la estructura impositiva, orientándola hacia la producción 
•    Mejorar sustancialmente la infraestructura, para bajar costos logísticos y asegurar el abastecimiento de energía
•    Procurar el abastecimiento de energía con suficiencia y a costos competitivos 
•    Apuntalar la exportación de valor agregado con políticas que la sustenten en el tiempo 
•    Administrar inteligentemente el comercio, con previsibilidad y eficacia. 
•    Intensificar el federalismo y dar respuesta a las problemáticas de las economías regionales 
•    Promover el acceso al financiamiento adecuado
•    Potenciar el Mercosur como plataforma clave para nuestra inserción internacional.

Estos y otros temas clave han formado parte del diálogo profundo que hemos llevado adelante con los candidatos que hoy están en la carrera presidencial. Hemos intercambiado nuestras visiones sobre la importancia de la industria en el proceso de desarrollo, sobre cuales acciones es necesario mantener, cuáles profundizar y cuáles modificar con vistas al imprescindible desarrollo industrial.  El intercambio enriquecedor que ha surgido de este proceso es de por si un resultado valioso y por el cual les queremos agradecer a todos ellos. 

Este diálogo abierto y respetuoso es el que considero que necesitamos seguir cultivando como dinámica compartida, para aportar en la definición de objetivos, abordar problemas y establecer las líneas de acción que permitan encaminarnos a ser un país industrial.    

Un diálogo en el que los antagonistas sean aquellos problemas que juntos debemos resolver, en el que los objetivos sean el bien común y el desarrollo. 

Y aquí es donde el rol específico de las gremiales empresarias se vuelve un aporte central. Constantemente nuestra institución ha ponderado el rol de las entidades empresarias en la defensa de los intereses del sector que representan, con un diálogo respetuoso afincado en la firmeza. En el caso particular de la UIA, tenemos muy claro que esa defensa está lejos de ser una estratagema corporativa, por el contrario, nos guía el convencimiento de que al defender nuestra industria estamos defendiendo a la Argentina. No existe país desarrollado en el concierto de naciones que no sea un país industrial.  

Para hacerlo es necesario contar con la incuestionable capacidad emprendedora de quienes agregan valor y conocimiento, desde el comercio, el agro, la construcción, los servicios, el sector financiero y, fundamentalmente, con una industria potente, dinámica, diversificada, tecnológicamente avanzada –cimentada en más y mejor consumo–. Y, sobre todo, con cada vez más y mejor inversión

Todas estas temáticas que he abordado durante mi discurso confluirán a finales de este año en nuestra tradicional Conferencia Industrial. “Una Argentina productiva para la próxima década” será el título de esta convocatoria y se llevará a cabo el 14 de diciembre. Esperamos contar con el próximo o próxima presidente para que en el marco de este evento podamos encarar una década que sin dudas estará plagada de desafíos y dilemas.

Para finalizar, y retomando el motivo de la celebración, quisiera decirles que todos los empresarios que estamos aquí presentes y las cámaras a las que pertenecemos tenemos un objetivo común que trasciende a cualquier conmemoración: trabajar por un empresariado nacional unido alrededor de un proyecto de país. Haciéndolo junto a los trabajadores y al Gobierno que elijamos los ciudadanos.  Y eso nos exige a través del tiempo no bajar los brazos, ni porque nos relajamos ante la bonanza ni porque nos desesperanzamos ante la adversidad. 

Estoy convencido de que a partir del esfuerzo y la cultura del trabajo podemos construir los cimientos sólidos de la Argentina productiva. Celebremos hoy, entonces, esa llama interior que no se extingue, que trasciende épocas e individuos, para que de cara al futuro sea la energía que nos haga concretar definitivamente el país de progreso que queremos legarles a nuestros hijos y nietos. 



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