06/02/2013

Realidad laboral, libertad sindical, poder político

En una situación internacional de crisis, con el desempleo creciendo a nivel global, América latina en general y la Argentina en particular están saliendo relativamente bien de esto. No quiere decir que todo sea perfecto, pero tengo una impresión relativamente positiva de la coyuntura

Guy Ryder, director general de la Organización Internacional del Trabajo, en una entrevista del diario La Nación, domingo 3 de febrero.

-¿Qué conclusiones se lleva de la realidad laboral del país?

-En una situación internacional de crisis, con el desempleo creciendo a nivel global, América latina en general y la Argentina en particular están saliendo relativamente bien de esto. No quiere decir que todo sea perfecto, pero tengo una impresión relativamente positiva de la coyuntura.

El tema está en discusión por los efectos del alza de precios; ¿cómo afecta la inflación al mundo del trabajo?
-Es un problema en la medida en que impacta en el nivel de vida. Tengo entendido que por lo general aquí de la negociación colectiva resulta una compensación para los salarios. En ese caso el impacto es neutro. Pero hay que ver en el nivel macro si esto es sostenible en el largo plazo. Ése es otro debate, porque la cuestión de la confianza y las inversiones es algo importante.

-En la Argentina, la CGT, que antes estaba aliada al Gobierno, ahora está enfrentada. ¿Cuál cree usted que debe ser la relación adecuada entre sindicatos y poder político?
-Soy partidario de la independencia sindical. Es absolutamente necesaria y eso no quiere decir que no haya afinidades o alianzas, lo cual me parece totalmente legítimo. Yo vengo de un movimiento sindical que creó el Partido Laborista en el Reino Unido, pero esos sindicatos siempre han sabido guardar su independencia. El día en que un sindicato llegue a ser el instrumento de un partido político en el Gobierno, su función ya no es posible. Como usted ha dicho, la Argentina tiene una situación muy compleja en materia de esta relación.

-¿Le plantearon que hay una intromisión del Estado en temas de la vida sindical?
-Sí, se habló de esto en las reuniones. Algunos sectores del sindicalismo piensan que la división actual es resultado de la injerencia del Estado en la vida sindical y otros dicen que no, que es sólo una cuestión de los sindicatos. La fragmentación encierra cierto peligro. Creo que, como dicen, la unidad es la fuerza, aunque la libertad sindical implica el derecho de formar el sindicato que uno crea conveniente.

-¿Cómo se compatibiliza entonces esa necesidad de unidad con la libertad sindical? Nuestro país tiene varias denuncias ante la OIT por este tema.
-La unidad no se puede imponer, tiene que ser una elección de los trabajadores. En muchos países, como el caso de Alemania, existe una sola central muy poderosa pero a la vez hay libertad sindical. Los trabajadores tienen el derecho perfecto de formar otra central pero no lo hacen, por las ventajas que da la unidad. Es cierto que hay quejas presentadas ante la OIT sobre el caso argentino, que han sido examinadas en las instancias correspondientes, y hay que reconocer que no se ha avanzado mucho en la aplicación de las recomendaciones. Yo quiero y espero que se puedan aplicar correctamente los convenios de la OIT en esta materia de libertad, y esto va por todos los países miembros. Yo soy optimista, creo que hay disposición para buscar fórmulas adecuadas.

-¿Y qué podrían hacer los países contra la informalidad, un problema importante aquí?
-La primera recomendación es que la formalización tiene que ser un reto, una responsabilidad compartida entre gobierno, empleadores y sindicatos. En las conversaciones que mantuve en la Argentina las tres partes coinciden en decir que todos tienen responsabilidad y se habla de un 35% de informalidad. El fenómeno es muy variado. Las políticas a aplicar pueden ser muy distintas según el país, pero cada uno debe hacer del tema una prioridad.

-En el sector empresario muchas veces se dice que los planes sociales desincentivan la búsqueda de empleo, ¿coincide?, ¿qué hacer si es así?
-Es un argumento que uno escucha. Aunque depende de los sistemas, dudo mucho de que la ayuda social de la Argentina sea un desincentivo al trabajo. Escucho esos argumentos en Europa, donde uno lo podría considerar porque el estado de bienestar está más desarrollado. Hay que evitar políticas que generen dependencia de programas de protección social; se pueden combinar con políticas de activación, para que así la participación en el mercado de trabajo suba. En Europa hay un efecto desaliento: las personas piensan que no va a encontrar trabajo y se retiran. Desde el inicio de la crisis hay 28 millones más de parados en el mundo, pero hay otros 39 millones que se retiraron del mercado. Desde 2007 se generó un déficit de 67 millones de puestos.

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