13/10/2007

La economía necesita inversiones de calidad

El crecimiento depende de la acumulación de capital, pero también de otros factores que definen su productividad. Para crecer sostenidamente durante los próximos años, es necesario que las inversiones sean de calidad

Por Felipe de la Balze. Economista

La economía argentina, después de un gravísimo colapso, experimentó un proceso de vigoroso crecimiento que necesita ser consolidado.

La estabilización de la economía a partir del año 2003, el superávit fiscal, el aumento de la rentabilidad en los sectores beneficiados por la devaluación y, durante los últimos años, un fuerte crecimiento del consumo, han sido los principales propulsores de un creciente flujo de inversiones.

En el año 2006, la inversión productiva como porcentaje del PBI alcanzó un nivel del 21,7%, similar a los niveles máximos de la década de 1990. El empresariado nacional fue responsable de la mayor parte de la inversión (17,5% del PBI) . La inversión del sector público alcanzó niveles del 2,3% del PBI, mientras que la inversión extranjera directa (1,9% del PBI) retrocedió tanto en términos absolutos como en comparación con los demás países de la región.

El crecimiento de la inversión fue liderado por la construcción (13,4% del PBI). El sector rural incrementó sus inversiones (a pesar de las retenciones) como resultado de las atractivas oportunidades que ofrecen los altos precios internacionales de sus productos.

En el sector manufacturero crecieron rápidamente las inversiones en los sectores orientados a la exportación (alimentos, bebidas, metales), en los que sustituyen importaciones (textil, calzado, papel, automóvil, etc.) y en aquellos relacionados al boom de la construcción (acero, materiales de construcción y bienes para el hogar). En el sector servicios creció fuertemente la inversión en actividades relacionadas con el turismo.

La idea de que la inversión productiva es la clave en el proceso de crecimiento está muy difundida y es utilizada con frecuencia en las recomendaciones de política económica por parte de economistas y organismos internacionales. La idea es sólo parcialmente correcta . La realidad es más compleja, como lo demuestra nuestra propia historia.

Entre 1970 y 1990, el PBI per cápita de la Argentina creció a una deplorable tasa promedio anual del 0,4% a pesar de que la inversión durante dicho período representó en promedio alrededor del 20% del PBI.

Asimismo, varias economías de excelente performance durante las últimas décadas (entre otras las de Chile, España, Irlanda y la India) han crecido con niveles de inversión reducidos (entre el 15% y el 18% del PBI), desautorizando en la práctica la idea intuitiva de que "a mayor inversión, mayor crecimiento".

Los resultados de la inversión no dependen solamente de la cantidad sino también de la calidad de la inversión realizada . El crecimiento es atribuible no sólo a la acumulación de capital sino también a otros factores que determinan su "productividad".

Entre ellos, la posibilidad de aprovechar las economías de escala y especialización (que dependen del tamaño del mercado), la acumulación del conocimiento y el progreso tecnológico (que dependen del capital humano, de los incentivos a innovar y de la capacidad para incorporar avances tecnológicos que ya existen en otros lados), la solidez de las políticas macroeconómicas y la calidad de la organización económica que toma la decisión de invertir (los niveles de eficiencia del aparato estatal y de los mercados).

Para crecer sostenidamente durante los próximos años, es necesario que las inversiones sean de calidad . Dicho objetivo es alcanzable si el próximo gobierno instrumenta políticas económicas sensatas dirigidas a:

1. Mantener una economía estable (con baja inflación, amplio superávit fiscal y comercial) para reducir a un mínimo la probabilidad de futuras crisis y mitigar la excesiva volatilidad de las principales variables económicas (en particular el tipo de cambio real y la tasa de inflación). La inestabilidad macroeconómica es una de las principales razones que explican el bajo rendimiento de la inversión productiva en la Argentina de las últimas décadas.

2. Eliminar gradualmente las intervenciones gubernamentales que reducen la inversión al tornar impredecible la rentabilidad empresaria . Las medidas (controles de precios, atrasos tarifarios y restricciones a las exportaciones) introducidas originalmente por el Gobierno con el propósito de impedir una erupción inflacionaria se han transformado en distorsiones que desalientan la inversión , particularmente en los mercados de alimentos, electricidad, gas e hidrocarburos.

3. Mantener un tipo de cambio alto para consolidar la presencia exportadora y la apertura comercial al mundo, atraer más inversiones externas (como fuente de incorporación de tecnología) y repatriar fondos argentinos en el exterior hacia actividades productivas locales. Estos dos últimos aspectos requerirán mayor estabilidad en las reglas del juego.

4. Promover la inversión de las pequeñas y medianas empresas locales en maquinaria, tecnología y organización . Para ello, sería conveniente otorgar ventajas impositivas a la reinversión de utilidades así como realizar un importante esfuerzo para simplificar trámites y procedimientos —tributarios, laborales y regulatorios—- que dificultan y encarecen las actividades de este tipo de empresas.

La acumulación de capital, un entorno institucional favorable a la inversión en actividades de alta rentabilidad y una política macroeconómica estable que garantice un horizonte de crecimiento sin sobresaltos son los requisitos indispensables para consolidar el proceso de crecimiento en curso.



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