23/06/2007

Afianzamiento del modelo económico

Es crucial recordar que el país cuenta con un activo relevante: el modelo competitivo productivo, el que prohijó el notable desempeño económico de este tramo y permitió la clara mejora de los indicadores sociales.

Por el economista Eduardo L. Curia.

En medio del natural fragor preelectoral es crucial recordar que el país cuenta con un activo relevante: el modelo competitivo productivo, el que prohijó el notable desempeño económico de este tramo y permitió la clara mejora de los indicadores sociales.

Esta imagen vale a pesar de desvíos e insuficiencias que no hay que ignorar y sí corregir y del peso de determinadas condiciones externas benéficas, ya que el modelo las enriqueció con su propio valor añadido.

Así despunta la promisoria perspectiva de un nuevo período modélico positivo, afianzando la opción del desarrollo.

Esto se logrará transitando la saga que se abre entre el facilismo despreocupado y el pesimismo disolvente. La continuidad modélica es posible, más aun probable, encarando sin retaceos la agenda inherente al sensible esfuerzo de "puesta a punto".

En todo esto, siempre cuadra un principio general de construcción. Y, en este caso, aquél no es otro que el criterio del tipo de cambio competitivo sostenido, ajustado a la nueva etapa.

Este criterio es el que otorga el empuje básico y la sustentabilidad al sobrecrecimiento con fuerte predicamento industrial, alienta el carácter pro empleo del modelo y permite cimentar en el seno de una expansión exportadora general -más allá de ciertos baches, unos más justificables que otros- el avance saliente de las exportaciones industriales, que aumentaron entre un 65 y un 70 por ciento en los últimos años.

Es clave la ratificación plena de las señales al respecto. El actual cuasi peg cambiario, útil para acotar el proceso de pérdida de paridad real posterior al overshooting de 2002, debe dar paso a un explicitado crawling peg virtual destinado en adelante, como tendencia, a frenar ese proceso, mientras admite razonables altibajos de corto plazo.

Adviértase aquí que no sólo interesa la competitividad cambiaria frente a los mercados a los que se busca acceder, sino que cabe computar, asimismo, como hacen algunos países asiáticos, la competitividad frente a los terceros que también encaran ese acceso.

De paso, el caso de Brasil exige una reflexión especial al desbordar marcadamente los límites de un intercambio comercial característico.

Ineludiblemente, este enfoque comulga con una disciplina fiscal lo suficientemente revalorizada como para cumplir sus varios objetivos.
Sea en el plano estabilizador directo, evitando así exigir a la política de precios activa más de lo que ésta, legítimamente, puede dar; sea en cuanto al apoyo a la política cambiaria -a la que también usufructúa en materia de recursos- y a la política de esterilización monetaria, la que hoy sufre cierto apremio.

Asimismo, no cabe prescindir de los subsidios, pero vale su mayor ordenación y la aplicación gradual de señales de precios.

Mayor competitividad

Lo dicho permite, en perspectiva, combinar la meta competitiva con la de una inflación plausible. Tanto más si se afianza la pauta de productividad y competitividad macro como respaldo del repunte del salario real. También contribuye la consolidación del esfuerzo inversor en base a los precios relativos correctos. Algún estímulo tributario puede ayudar en esto, aunque respetando los recaudos fiscales expuestos.

Y, habrá que propulsar la financiación de la inversión, encarando, por fin, el tema de la "moneda local de largo plazo".

Lo que se esboza, pues, es una agenda de continuidad modélica perfectamente cumplible en tanto se calibre el serio esfuerzo requerido y la celeridad aconsejable, aprovechando aquí el efecto político inmediato post electoral.

Fuente: Diario La Nación, domingo 17 de junio.



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