26/05/2006

PyME: Innovación, el nombre del éxito

Las pymes exportadoras argentinas, en su enorme mayoría, no compiten ni lo harán por escala o por volumen. Y tampoco sólo por precio. Compiten hoy, y lo harán en el futuro, por la diferenciación de sus productos.

Por Marcelo Elizondo, Director ejecutivo de la Fundación ExportAr y jurado del Premio a la Excelencia Exportadora LA NACION-TCA 2006

“Las pymes exportadoras argentinas, en su enorme mayoría, no compiten ni lo harán por escala o por volumen. Y tampoco sólo por precio. Compiten hoy, y lo harán en el futuro, por la diferenciación de sus productos...”

Las pymes exportadoras argentinas, en su enorme mayoría, no compiten ni lo harán por escala o por volumen. Y tampoco sólo por precio. Compiten hoy, y lo harán en el futuro, por la diferenciación de sus productos: no sólo el producto "básico" o tangible, sino el producto "ampliado", que incluye las calidades físicas pero también las características distintivas susceptibles de ser exhibidas, el trabajo sobre atributos comunicables, el aprovechamiento del diseño y la comodidad de uso.

Pero el mundo avanza más rápido de lo que parece. Y la innovación, por ello, es un aliado principal de las empresas. Ilya Prigogine (premio Nobel de Química en 1977) expresa que en el mundo hay una creación simultánea de orden y desorden, y como las interacciones entre las personas en el nivel global son mayores, una solución que era estable se hace inestable ahora, por lo que el futuro no está predeterminado, sino que es una construcción y todos podemos participar de ella.

Innovación, empero, no es lo mismo que novedad. Innovar es adelantarse, pero basándose en estrategias (no corriendo en busca de golpes de suerte, sino llegando antes a lo que ya sabemos por acciones de inteligencia comercial que será una necesidad manifiesta en un mercado); es resolver mejor problemas del consumidor al que se pretende atender; es incluir investigación y desarrollo (pero recordando que lo que usualmente falta no es el conocimiento, sino el uso del conocimiento), y es también creatividad, talento y calidad; es advertir que los nuevos mercados no sólo premian la innovación en la producción, sino también en la comercialización, y es la agilidad que hace que los perspicaces les ganen a los lentos (porque no es cierto que sólo hay grandes que les ganan a los pequeños).

La innovación es una cualidad que hace que muchas empresas ganen terreno mejorando la calidad de vida y la que explica que la enorme mayoría de los actores del comercio internacional de hoy no era conocida hace algunos lustros.

Para las empresas exportadoras (especialmente las que no son las más grandes), la innovación, más que una conveniencia, es una necesidad comercial pero no contraria a la ética, en la medida en que es preciso que las empresas, para ser innovadoras, se apoyen en las capacidades de su gente y las personas que, como ha dicho Juan Pablo II, si bien no están llamadas a ser artistas en el sentido específico de la palabra, han recibido en el mundo la misión de ser artífices de su propia vida haciendo de ella, en cierto modo, una obra de arte, una obra maestra.

Fuente: Comercio Exterior, suplemento del diario La Nación, martes 23 de mayo de 2006.

 

 



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