27/01/2007

Las dudas que abren la economía de 2007

Los mercados de acciones y de bonos en numerosos países emergentes (incluyendo Argentina) se vieron convulsionados por la decisión de Venezuela de estatizar empresas eléctricas y de telecomunicaciones, y por la baja en los precios internacionales del petróleo, del cobre y de algunos productos agrícolas. Ambos temas reavivan el debate sobre la evolución futura de la economía mundial y sus efectos sobre los mercados emergentes.

Por el economista Ricardo Arriazu

Los mercados de acciones y de bonos en numerosos países emergentes (incluyendo Argentina) se vieron convulsionados por la decisión de Venezuela de estatizar empresas eléctricas y de telecomunicaciones, y por la baja en los precios internacionales del petróleo, del cobre y de algunos productos agrícolas.

Ambos temas reavivan el debate sobre la evolución futura de la economía mundial y sus efectos sobre los mercados emergentes.

Los analistas debaten si la actual coyuntura internacional favorable es el reflejo de profundos cambios estructurales que garantizarían su continuidad, o si constituye la etapa alcista de un ciclo internacional que mostrará una etapa recesiva.

Los optimistas argumentan que la integración de China y de la India a la economía mundial constituye un acontecimiento económico similar en su magnitud al "descubrimiento" de América. La incorporación de centenares de millones de personas a los mercados eleva la demanda mundial de alimentos y de materias primas, al mismo tiempo que genera presiones deflacionarias en los mercados mundiales de mano de obra y de productos industrializados.

Los analistas más pesimistas argumentan que si bien es innegable que este fenómeno existe, no es suficiente para explicar la tendencia actual de la economía mundial puesto que el valor total de la producción de bienes y servicios de estos dos países representa apenas el siete por ciento de la economía mundial y la participación de las materias primas en sus importaciones totales se ha reducido a poco más de la mitad de su nivel en 1980. Argumentan que la notable expansión reciente se origina en la expansión del gasto interno en los Estados Unidos y que esta tendencia no puede continuar por el agotamiento de la capacidad productiva ociosa.

Esta conclusión está fundamentada en el hecho de que la tasa de expansión de la demanda interna en los Estados Unidos durante los últimos años fue la más elevada de los últimos veinticinco años y excedió por un gran margen la tasa de expansión de su capacidad productiva. La capacidad ociosa acumulada durante la desaceleración de 2001 y 2002 permitió que una porción importante de esa expansión se canalizara inicialmente al crecimiento de la producción; sin embargo, este ritmo de expansión tiende a desacelerarse al acercarse al pleno empleo y emerger presiones inflacionarias. Al mismo tiempo, este incremento en los gastos llevó a la depreciación del dólar, lo que incrementó la capacidad de compra en términos de dólares del resto del mundo.

Durante los últimos dos trimestres la tasa de expansión de la demanda interna en los Estados Unidos se redujo a menos de la mitad y se reflejó en menores niveles de actividad económica, un incipiente incremento en el desempleo, un menor desequilibrio en su balanza comercial externa y en una atenuación de las presiones inflacionarias.

La experiencia histórica muestra que la atenuación del ritmo de expansión en los Estados Unidos es aún insuficiente y que si no se intensifica podrían resurgir las presiones inflacionarias. Sin embargo, los mercados parecen descontar el fin del ajuste e inminentes bajas en las tasas de interés. Si estas expectativas no se confirman, el valor de los activos podría reducirse en forma significativa.

El resto del mundo no muestra aún síntomas de haber sido afectado por la desaceleración estadounidense. Las tasas de expansión de la producción en Europa y en Asia se mantienen en niveles elevados, y en algunos casos se fortalecieron. Sin embargo, no existen precedentes de una desaceleración en los Estados Unidos compensada por una mayor expansión en el resto del mundo. Más aún, algunos indicadores parecen señalar que algunos mercados ya están siendo afectados por una menor expansión de la demanda. Esto es particularmente válido en el caso de los mercados energéticos y en el de los metales. Los precios del petróleo y del cobre (ambos importantes en la balanza comercial y en las cuentas fiscales argentinas) se redujeron un 25% desde su pico del mes de julio como resultado de una menor demanda.

En el caso particular de la Argentina, estas bajas de precios fueron compensados por importantes incrementos en los precios agrícolas, como reflejo de la sequía australiana y de su demanda para fines energéticos, y por un importante crecimiento de la cosecha. La mejora en los ingresos derivados por estos factores supera los tres mil millones de dólares.

Si bien esta importante mejora de ingresos permite enfrentar el año 2007 con una dosis de optimismo, el interrogante básico planteado en los primeros párrafos continúa siendo válido. Es esencial que el tema sea examinado en profundidad y que se llegue a una respuesta correcta para que las medidas que se implementen sean compatibles y permitan transformar la reciente evolución favorable de la economía argentina en un proceso de desarrollo sustentable, evitando la reiteración de nuestros tradicionales ciclos de expansión y crisis.

Las grandes dudas para el futuro cercano están relacionadas con el precio del petróleo y su efecto sobre los precios agrícolas al reducirse la demanda de estos productos para fines energéticos, y sobre el impacto de la economía estadounidense sobre los mercados de capitales.

Fuente: Diario Clarín, domingo 14 de enero de 2007



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