07/06/2012

Buena comunicación y racionalidad en las medidas para evitar la recesión

"No estamos en medio de una recesión pero parece que todos estuviéramos haciendo lo posible para que ocurra. Se está creando una situación que no se justifica de ninguna manera dado los actuales índices económicos y esto sucede por cierta falta de sintonía en la coordinación de políticas económicas."

Por Lic. Diego Corallini, asesor de FAIGA en economía y comercio exterior.
Tal como veníamos observando, la situación de la economía europea es grave y tiene repercusión en todas las economías del resto del mundo. A nuestro país empieza a afectarlo de manera significativa por las derivaciones de la apreciación del dólar frente al euro y, consecuentemente, por la aceleración en la devaluación del real y de las demás monedas regionales. Lo cual enfrentará a la Argentina a acelerar también la devaluación del tipo de cambio oficial.

La economía norteamericana, por su parte, está disminuyendo la potencia que parecía traer. Los indicadores económicos que se difunden son muy volátiles. Unos señalan una ligera reactivación y otros que se está yendo hacia un estancamiento.

En definitiva, cuánto más tarde Europa en reconocer la necesidad de emitir un eurobono, más nos complica al resto del mundo. Los capitales que hasta ahora se fugaban hacia Alemania, empiezan a irse hacia el dólar, lo cual revaloriza el tipo de cambio norteamericano y pone en dificultades a todo el mundo.

En relación a la situación de la economía nacional, pensando que el punto de inflexión sería en junio previendo que las medidas que se estaban tomando, con desprolijidades a veces y con inconsistencias otras, serían medianamente transitorias. Pasaron casi seis meses y se está demostrando que esas medidas han llegado para quedarse. Queda esperar, entonces, que por lo menos les den forma más cuidada.

En la situación fiscal, el principal problema que debe enfrentar el gobierno es el costo de los subsidios. Por los anuncios sobre el traspaso del sistema de transporte a los distritos que lo usufructúan y por lo que se ha enunciado sobre la YPF nacionalizada, pareciera que efectivamente existe un plan de reducción de subsidios. La demora en su aplicación, debida al temor a la caída en el nivel de la actividad económica, está precisamente afectándola. Nuestra impresión es que el gobierno tiene que ajustar su situación fiscal porque es la que está impulsando el problema inflacionario y perturbando el plan económico de manera sustancial.

Se suele señalar que el problema principal no es el tipo de cambio sino la inflación. Ahí debería agregarse que el problema de la inflación es la inconsistencia fiscal, que no es tan grave como lo afirman los medios. Si se analiza la cuenta de ahorro y financiamiento del sector público, el déficit financiero está por debajo del costo del nivel de subsidios. O sea que sincerando precios pausadamente con un plan racional no habrá mayor problema fiscal.

Sin embargo, teniendo en cuenta que la inconsistencia fiscal acarrea problemas monetarios que alimentan la inflación, se hace evidente la necesidad de ser ortodoxo para aplacar el estado actual del mercado cambiario.

Algo que desconcierta es que el gobierno niegue la posibilidad de un sistema con tipo de cambio múltiple, cuando de hecho el mercado ya lo ha formado. Por lo cual estamos pagando los costos de ese sistema sin tener ninguno de sus beneficios. Algunos comentan que ese sistema siempre fracasó pero debe considerarse que, de momento el Banco Central aún tiene una cierta fortaleza con sus reservas. Esto garantiza alguna posibilidad de éxito para el sistema de cambio múltiple, éxito que se reducirá cuanto más se retarde la decisión. Con ese sistema se podría ir liberando el mercado con la administración del gobierno que iría marcando el ritmo de la cotización oficial de los diferentes cambios, pues si esas decisiones se deslizan hacia el mercado podría agravarse el proceso inflacionario.

Al tratar el problema fiscal, debe tenerse en cuenta que el poder ejecutivo deberá aumentar el mínimo no imponible para los ingresos y elevar ese piso en alrededor del 20 porciento, o sea un costo estimado en tres mil millones que se dejarán de percibir y que deberá compensarse con una disminución del gasto público. Además de los subsidios, el ajuste fuerte deberá hacerse en el sector energético y, aunque resulte antipático, hay que reconocer que ello implica sincerar precios, y cuánto más se tarde en hacerlo, más grave será el déficit fiscal.

Respecto del nivel de actividad hay mucha desinformación. La sociedad recibe informaciones que no son mentiras pero son medias verdades, debido en gran parte a que el gobierno no comunica adecuadamente. Los datos de la recaudación impositiva muestran que el IVA tuvo una variación negativa del 0,4% respecto de 2011. El IVA –que muestra el poder adquisitivo ciudadano- aumentó un 30,6 % respecto del año anterior, prácticamente lo mismo que el IVA total, que incluye rubros como el aduanero y consideraciones sobre los reintegros e implican una serie de desajustes fiscales. Pero la variación del IVA no influye en el PBI y mostrarlo como una desaceleración de la economía, impulsa a la sociedad a actuar como frente a una próxima recesión.

No estamos en medio de una recesión pero parece que todos estuviéramos haciendo lo posible para que ocurra. Se está creando una situación que no se justifica de ninguna manera dado los actuales índices económicos y esto sucede por cierta falta de sintonía en la coordinación de políticas económicas. Si las restricciones extremas que se impusieron no se atemperan y se corrigen desacertadas medidas coyunturales, el segundo semestre será muy difícil para el sector industrial y desalentará al sector privado. Deben implementarse medidas racionales porque, como ya dijimos, no estamos en recesión pero el camino equivocado nos llevará a la recesión.



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