28/03/2016

Una reforma tributaria que sirva al crecimiento

Los cambios deberían atraer inversiones y elevar la recaudación, según Andrés Edelstein*

En 2014, la región de América latina y el Caribe recibió algo más de US$ 158.000 millones de inversión extranjera directa (IED), lo cual representó el 13% del flujo global. La IED es vista como una herramienta importante para el desarrollo de un país, porque facilita la transferencia de tecnología, genera ganancias por exportaciones, eleva la recaudación fiscal, crea empleos y, en definitiva, contribuye al crecimiento económico.

Nuestro país aparece como sexto destino en la región, y ciertamente está muy lejos de los niveles de inversión que anualmente llegan a Brasil, México y Chile. El nuevo gobierno ha puesto de relieve la importancia del tema y en un breve lapso tomó decisiones trascendentes para comenzar a normalizar la macroeconomía. Se vigoriza la necesidad de implementar un plan estratégico que posibilite un incremento sustantivo del flujo de inversiones hacia el país.

Entre los temas que deberían abordarse está indudablemente el sistema tributario. La eliminación de buena parte de los derechos de exportación es un gran avance, pero el panorama dista de ser el ideal. Hay factores no valorados positivamente a la hora de invertir: alícuota relativamente alta del impuesto a la renta empresaria en el contexto global (especialmente para ganancias que se reinvierten); impuestos que se pagan aun cuando el proyecto genera pérdidas (como el denominado "impuesto al cheque", Ingresos Brutos y otras cargas); impuesto patrimonial que se aplica sobre las inversiones extranjeras (0,5%); no reconocimiento de la inflación, y tasas locales de dudosa legitimidad, todo ello sumado a una maraña de regímenes de recaudación e información que complementan un sistema complejo, ineficiente y poco competitivo.

El desafío consiste en implementar una reforma integral que otorgue un trato favorable a las inversiones, sin por ello descuidar el frente recaudatorio. Paradójicamente coexiste una presión tributaria inédita con un preocupante déficit fiscal, lo cual acota sustancialmente el margen de maniobra. Un buen punto de partida sería atacar cada uno de los factores antes apuntados. El plan podría tener una implementación progresiva o gradual, y alinear la política fiscal a nivel provincial y local con un pacto federal.

El sacrificio fiscal debería compensarse con el alza de la recaudación generado por la mayor actividad, la eliminación de ciertas exenciones y el esfuerzo sostenido en la lucha contra la evasión. No en todos los casos un aumento de impuestos genera más ingresos fiscales. De alguna forma es el fenómeno descripto por la curva de Laffer: la recaudación se incrementa a medida que aumentan las alícuotas de imposición, pero hasta un punto en el cual comienza a disminuir.

Una reforma tributaria bien diseñada, acompañada por otras medidas para fomentar inversiones, debería redundar en mayor actividad económica y, por ende, incrementar la recaudación.

*Socio de Asesoramiento Impositivo y Legal de PwC Argentina

Fuente: diario La Nación, domingo 27 de marzo.



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