12/05/2005

Consistencias e inconsistencias

La naturaleza de los pueblos es muy poco constante: resulta fácil convencerlos de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos. Fernando Leiro Presidente de FAIGA

“ La naturaleza de los pueblos es muy poco constante: resulta fácil convencerlos de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos ”.

Estas palabras nos suenan muy obvias, sobre todo para nosotros, hombres de empresa. Si cambiáramos el termino “pueblo” por el de “cliente” tendríamos el planteo que nos hacemos todos los días para poder mantener nuestros niveles de ventas. Pues bien, la frase original no pertenece a un gurú de la mercadotecnia, es de Nicolás Maquiavelo. Y es la pregunta que todos los días se hacen los políticos cuyo cliente es “el pueblo votante”. Pero las estrategias para enfrentar el mismo dilema nos resultan peligrosamente distintas.

Nosotros sabemos que estamos obligados a bajar costos, mejorar la calidad, diferenciarnos del competidor, mantener nuestra rentabilidad para que nuestra empresa pueda mantenerse en el mercado reinvirtiendo.

¿Cómo deben nuestros dirigentes mantenernos convencidos a nosotros, “sus clientes”? La respuesta es nuevamente obvia y está referida a la inevitable consistencia que debe existir entre los objetivos del gobierno, las políticas diseñadas y los instrumentos empleados para conseguirlo. Nosotros lo llamamos “plan de negocios” y los gobernantes “plan estratégico”. En síntesis, todos debemos manejar la coyuntura con instrumentos de corto plazo pero nunca debemos alejarnos del proyecto de largo plazo: mejorar nuestra participación en el mercado o mantenerse en el poder, según se sea empresario o político. Si actuáramos en contrario sencillamente, a nosotros, el mercado nos elimina y a los dirigentes tarde o temprano los eliminan los votantes.

Por lo general, las rectificaciones de corto plazo, si son consistentes con el proyecto a largo término, y si demuestran tener amplia aceptación, sea entre los votantes o entre los consumidores, serán toleradas y finalmente lograrán mantener convencidos a clientes y votantes.

No obstante, desde nuestra perspectiva económica de hombres de negocios, vemos ciertos cambios que comienzan a minar nuestras “expectativas” y que conspirarán con los objetivos de largo plazo. Vemos, entonces, que la diferencia temporal entre los hombres de empresa y los hombres de la política existe dramáticamente.

A nuestros productos los eligen o rechazan todos los días, los votan todos los días, a los políticos sólo cada 760 días. Por lo tanto, funcionan como un monopolio y como dice la regla: no existen monopolios eficientes.

A estas simples reflexiones arribamos luego de observar que los cambios ocurridos en el último trienio: precios de exportación altos, demanda mundial creciente, tasas de interés externas e internas bajas, tipo de cambio doméstico alto estable y competitivo, estabilidad de precios internos, solvencia fiscal y creciente nivel de actividad económica, comienzan a modificarse.

Estamos percibiendo que nuestra capacidad exportadora, tanto en términos cualitativos cuanto cualitativos, ha demostrado una inusitada capacidad empresarial en optimizar los beneficios de aquel contexto favorable. Sin embargo, nos preguntamos si el tipo de cambio “ nominal ” permitirá mantener la dinámica exportadora frente al aumento de costos originados en decisiones políticas: salarios por decreto, impuestos anticompetitivos, tasas municipales inconstitucionales, conflictos gremiales por disputas de poder antes que por puja redistributiva, creciente ineficiencia en la infraestructura social básica, etc.

También nos preguntamos si el fervoroso ímpetu intervencionista del Banco Central y del Banco Nación para sostener el valor del tipo de cambio actual es la estrategia más adecuada para sostener el tipo de cambio real o simplemente el nominal con objetivos fiscales para luego, obligadamente absorberlos, contrayendo deuda el Banco Central, antes que mejorar el tipo de cambio efectivo del exportador por vía de la reducción de retenciones.

Es igual de preocupante, la expansión monetaria de noviembre y diciembre pasado “en vísperas de navidad ” y la necesidad “política” de “ dar buenas noticias ”, con la obligada contracción del primer bimestre del año, luego de liberados los recursos en el mercado y generados los efectos inflacionarios, lo cual sólo nos permite inferir que la expansión tuvo como objetivo “ mantenernos convencidos ” un par de meses.

Otra pregunta es sobre la consistencia de la decisión del gobierno de regresar “voluntariamente” al mercado de crédito interno emitiendo títulos por cuatro mil millones de dólares para cumplir con la “nueva deuda” contraída en 2002, al tiempo que el superávit primario disminuyó el 12% respecto del año anterior en el mismo mes, con el agravante que la caída no se origina en los recursos aportados por el sector privado - siempre en aumento - sino por el extravagante incremento de transferencias a las provincias del 28%, las cuales, obviamente también deben “ mantener convencidos a los suyos “.

También preocupa que, desde fines de 2004, el ritmo de crecimiento del gasto público sea superior al ritmo de crecimiento de los recursos.

En suma, nos inquieta que nuestra decisión de invertir depende de que nos “ mantengan convencidos “. En realidad, eso sólo se logrará cuando productores y consumidores percibamos la consistencia entre los objetivos del gobierno, las políticas diseñadas y los instrumentos empleados para conseguirlos. Esto, que el resto del mundo define como propio de “un país serio”, no implica un debate ideológico. Quien así lo encare, en verdad sólo oculta su incapacidad de acción o lo, que es peor, su intención de mantenernos convencidos con engaños. Que como todos sabemos “tienen patas cortas”.

Fernando Leiro
Presidente de FAIGA



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