07/02/2017

“Hasta el segundo semestre no hay posibilidades de una reactivación”

… éste “va a ser un año durísimo”, por la “carga impositiva”. Juan Carlos Sacco, presidente de FAIGA y secretario de la Unión Industrial Argentina (UIA).

Por Carlos Boyadjian

En los catorce meses que lleva la gestión de Cambiemos, claramente, la industria manufacturera, y en particular las pymes, resultaron ser el pato de la boda. La pérdida de competitividad por la inflación y el impacto de la presión tributaria, junto a la caída de la actividad en el mercado local, son las mayores preocupaciones de los empresarios. En diálogo con El Economista, Juan Carlos Sacco, secretario de la Unión Industrial Argentina (UIA), afirma que éste “va a ser un año durísimo”, por la “carga impositiva”.

¿Hay preocupación por cómo está hoy la industria? Es más que preocupación. En primer lugar, no es un problema de este Gobierno, esto lleva cinco años de parate. A fines de 2015 cuando asumió el presidente Macri había expectativas de cambio, pero ya se fue todo el año 2016 y por lo que vemos, hasta el segundo semestre no hay posibilidad de reactivación total, sí hay parcial. Ha crecido el cemento, estamos esperando que empiece la obra pública grande pero hay sectores en los que estamos muy en baja, como el textil, el sector calzado, la indumentaria, el sector metalmecánico, gráfico, hay muchos sectores que están muy, muy en baja.

¿Qué está pasando hoy a nivel de empleo? Hubo suspensiones y despidos? No se está despidiendo gente como escucho que muchos dicen. Si uno observa que dentro del ejido de la UIA hay 1200 convenios colectivos de trabajo y damos empleos a más de 1.400.000 personas, que se pierdan 4.000 empleos es como no perder nada.

El sector automotriz y el de motos están mejorando. ¿Se está consolidando una tendencia o aún falta para eso? Hay mejora en el automotriz pero no hay que engañarse. Dentro del sector automotriz, Toyota está exportando, Volkswagen está exportando y todo está andando por los utilitarios.

Uno va al campo y el chacarero lo primero que hace es cambiar la camioneta. El sector de tractores está funcionando bien, hay algunos buenos índices pero no es general, el mercado está parado. No es la economía general la que se mueve.

Los empresarios se quejan de la fuerte presión tributaria. ¿Cómo están viendo este tema? ¿Hay conversaciones con Gobierno? Como lo estamos viendo no, cuál es la realidad. Y la realidad es que en Latinoamérica podemos desafiar a cualquiera dentro de las fábricas.

Aún con los mayores salarios medidos en dólares, con todos los impuestos internos que tenemos, el costo de la energía, costo de los insumos, etcétera, hasta el portón de la fábrica. Hasta ahí somos altamente productivos.

Llegamos rápidamente a recuperarnos, exportar y demás. Ahora si cuando atraviesa la puerta de la fábrica, un Estado elefantiásico le pone el pie sobre la cabeza con una carga tributaria de más del 35%, con impuestos distorsivos como Ingresos Brutos, las tasas de seguridad e higiene industrial, impuestos municipales, provinciales, que se han ido de la mano porque cada cual hace lo que quiere para salvarse, contra eso, lamentablemente no podemos hablar de competitividad. La competitividad ya no es un problema del empresario sino del Estado.

El Gobierno quiere impulsar una reforma impositiva integral. ¿Los han consultado para ver en qué sentido orientar la reforma o esperan mayor presión tributaria? Estamos trabajando, la buena voluntad está, pero esto pasa por una ley y este año no la vamos a ver. El propio ministro Dujovne acaba de decir en estos días que una ley tributaria tiene impacto fiscal. ¿Usted le saca el IIBB a una provincia y con qué se lo reemplaza? Hay que barajar y dar de nuevo y creo que este año ya no hay ningún político que no esté pensando en las elecciones.

Por eso creemos que va a ser un año durísimo y sobre todo, lo que tenemos que entender es que el 65% del PIB industrial lo mueven las pymes, no son las grandes compañías que pueden darse el lujo de tener espaldas anchas y pedirles a sus casas matrices que les manden oxígeno.

En varios sectores considerados sensibles afecta la competencia con productos importados.

¿Cómo sigue ese tema? Hay un fuerte impacto, no le quepa duda, nos han condenado vía las importaciones.

Primero en el primer semestre con stock de DJAI que había, después siguió. Que no me digan que no hay importaciones, que están cerradas, eso es falso. Además, las propias empresas multinacionales que tienen planta acá y en Brasil, hablo de multinacionales pesadas, cierran las líneas de producción acá y les conviene más fabricar más barato en Brasil.

O sea que este año no ven que pueda mejorar la competitividad de la producción local.

No sé si este año, ojalá en el segundo semestre la economía despegue.

Para despegar tiene que haber confianza y automáticamente vienen las inversiones, y ahí empieza el crecimiento sostenido.

Se supone que este Gobierno es promercado, es decir que los empresarios deberían tener algún nivel de confianza en lo que hace.

Usted dice que es promercado pero yo escucho declaraciones de funcionarios de que hay que enfriar más la economía para seguir manteniendo baja la inflación. Si para bajar la inflación tengo que vivir a costa de recesión, no me causa ninguna gracia.

El año pasado la actividad industrial cayó cerca del 5% ¿Cuáles son las proyecciones para este año? Terminamos el año con -4,6%, en el mejor de los casos, si creciéramos 3% o 4% todavía quedaríamos un punto y pico abajo de recuperación.

Los pronósticos no son buenos, las expectativas son buenas, aunque todos deseamos que al Gobierno le vaya bien.

 

Fuente: El Economista



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