17/01/2005

¿Y... dónde está la inflación?

El verdadero defecto de esta política de aumentos de sueldo

El presidente de la Nación amenazó con la intervención del Estado a los empresarios que gesten subas exageradas de precios. Por otro lado, muchos de mis colegas muestran preocupación por las presiones inflacionarias que pueden generar los aumentos de sueldo por decreto del PE. Creo que ambas posiciones se fundan en errores conceptuales.

En primer lugar, no todos los empresarios pueden subir sus precios ante una suba del gasto interno . En este caso, si aquellos que producen bienes que son exportables intentaran subir sus precios internos por arriba de los netos que reciben del exterior, se encontrarían con que otros competidores buscarían lo mismo y, por ende, el aumento de la oferta mantendría los valores domésticos.

 


Por otro lado, quienes compiten con productos importados no podrán subir sus precios sin quedar fuera de competencia con los importados, lo cual asegura que no podrán aumentarlos . La única forma que cuenta este sector para aumentar sus propios precios es lograr que el Gobierno aumente la protección contra los competidores extranjeros y suba los valores de ingreso al país de los mismos. Por ejemplo, esto justifica las presiones de ciertos sectores para establecer restricciones a productos brasileños; a pesar de que el valor de la moneda de este país está aumentando respecto del peso, lo que mejora la posición de los productores locales. Dado que el Gobierno está cediendo a estas presiones, no deberían quejarse de que aumenten sus precios.

Los únicos que pueden aumentar sus precios cuando se incrementa la demanda interna son los que producen bienes y servicios, fundamentalmente estos últimos, que no exportan ni tienen competencia externa . Sin embargo, éstos son los que vieron caer fuertemente sus precios respecto de los otros sectores en el momento de la devaluación y con la recesión. Cuando la economía se va recuperando es lógico esperar que esos sectores vayan aumentando sus márgenes hasta llevarlos a niveles razonables. Esto no es inflación ni avaricia desmedida de los empresarios; simplemente es el volver lentamente a la situación de una economía con una relación de precios entre sectores más normal.

Tampoco es preocupante que los precios puedan aumentar por los incrementos de sueldos por "decreto" . Estos generan un incremento de los costos de los productores que implicará un simple cambio de precios relativos. Al no generarse riqueza, sino solamente una transferencia de recursos de los empresarios a los trabajadores, los primeros disminuirán su gasto e inversión en la misma medida en que lo aumenten el de los asalariados. Al haber sólo una variación marginal de la demanda interna total, algunos sectores podrán subir sus precios y otros deberán bajarlos ante la caída de la demanda en su sector, ya que el país en su conjunto no puede gastar más de lo que tiene.

El verdadero defecto de esta política de aumentos de sueldo "por decreto" es el desincentivo a generar puestos de trabajo y el fomento de la informalidad en el mercado laboral, por lo que el verdadero perjudicado es quien no tiene trabajo . La inflación, más allá de un aumento coyuntural, se irá acomodando con los ajustes de los precios relativos al nivel de inflación de largo plazo que está justificado en otros factores.

La inflación no es el aumento generalizado de los precios. En la Argentina, los valores de los bienes y servicios se miden con un "metro" llamado peso, el cual a su vez es un bien más que tiene una demanda y una oferta. Los tenedores de la moneda nacional la demandamos porque nos es útil como unidad de cuenta para comparar precios, como reserva de valor (ahorro) y como medio de pago. En tanto, el oferente es un monopolista: el Banco Central.

La medida de la deflación

Como en cualquier bien, si su demanda supera su oferta, el precio sube: la moneda se aprecia. Esto implica que el "metro" se agranda y todo lo que midamos con él se "achica" (deflación). Si el Banco Central imprime más de lo que se demanda, su valor baja, el "metro" se reduce y todo lo que midamos con él "crece" (inflación).

La devaluación, que fue seguida e incentivada por un enorme incremento de la oferta de pesos, hizo que el "metro" se achicara y eso justifica los aumentos generalizados de precios. Por otro lado, la caída de la demanda interna y los controles de precios sobre las empresas de servicios públicos fueron liberando esta presión al alza en forma lenta, luego del primer gran reacomodamiento inicial.

Por otro lado , la estabilidad del valor del dólar lograda por el Banco Central desde mediados de 2002 ha generado una percepción de estabilidad en el valor de nuestra moneda, en una economía que sigue mentalmente dolarizada . Sin embargo, nuestro "metro" ha seguido perdiendo valor de la mano de la caída del dólar. Hemos tenido una situación ideal para el manejo de la política monetaria. Desde inicios de 2002, el dólar ha caído 35% y nuestra moneda ha caído con él, pero sin generar presiones inflacionarias domésticas y dándole el gusto al Gobierno de lograr un tipo de cambio real alto. Además, para acompañar la pérdida de valor del dólar hubo que depreciar el peso argentino, para lo cual había que aumentar fuertemente su oferta. Esto incentivó la demanda interna y produjo bajísimas tasas de interés (aunque esto último también se justifica en un distorsionado sistema financiero).

Si el dólar hubiera permanecido en sus valores de fines de 2001 y el peso se hubiera depreciado todo lo que realmente se cayó hasta ahora, hoy el tipo de cambio sería de $4,55, lo cual no suena tan bajo como $3,00. La baja del dólar tarda en generar presiones inflacionarias en EE.UU. porque los estadounidenses confían en su moneda, pero de continuar esta tendencia los precios subirán. En la Argentina, una baja del precio del peso (visualizada como suba del dólar) genera rápidamente una suba de precios domésticos. Sin embargo, si el peso se deprecia de la mano de la moneda estadounidense, esto no sucede y los plazos son similares a los de la potencia del Norte. ¿Por qué? Porque los argentinos también confiamos en el dólar.

Por eso, es un riesgo para la Argentina que el dólar pueda subir fuerte a nivel internacional por una profundización de la política monetaria contractiva de la Reserva Federal . En ese momento, el Banco Central deberá optar por dejar que el dólar suba, lo cual generará presiones inflacionarias, o seguir la suba de dicha moneda. Esto solamente podrá lograrlo con una fuerte disminución de la expansión monetaria o, aún, con cierta contracción. Entonces, los resultados no serán tan agradables, ya que eso afectará negativamente la demanda interna, subirá las tasas de interés y bajará el tipo de cambio real, generando un conflicto con el PE.

Conclusión: si el dólar no se aprecia demasiado, no hay peligro de una inflación mayor a la pronosticada por el BCRA. Sin embargo, si hay una fuerte apreciación de la moneda estadounidense, la autoridad monetaria deberá optar entre un tipo de cambio real alto o una baja inflación.

Publicado en el suplemento de Economía & Negocios del diario LA NACION, el domingo 16 de enero de 2005.



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