17/03/2007

Conviene la cautela frente a mercados inestables

¿Es apenas una borrasca o se desata la tormenta tras el estallido de la burbuja financiera en Shanghai? La Argentina debería advertir que el aumento del costo del crédito y la caída en el precio de los commodities pueden estar acechando

Felipe A. M. de la Balze. Economista y negociador internacional

A inicios del 2007 los mercados financieros proyectaban un horizonte de serenidad y optimismo. La rentabilidad empresaria era alta, la liquidez mundial, abundante y las primas de riesgo, bajas.

Las finanzas internacionales han vivido una extraordinaria bonanza durante los últimos cinco años . El clima financiero benigno encontró su sustento en el rápido crecimiento de la economía mundial, la baja inflación y un sostenido aumento del comercio internacional.

China y la India progresan rápidamente. Por su parte, las economías emergentes (Argentina, Brasil, México, Turquía, Rusia y los países del sudeste asiático) después de sufrir graves trastornos durante la década pasada parecen haber dejado atrás su inestabilidad . Su performance actual se asienta en sólidos superávits fiscales y de balanza de pagos y en una fuerte acumulación de reservas en sus bancos centrales.

Los expertos sostienen que durante los últimos años los mercados financieros han fortalecido su capacidad de adaptación a los permanentes cambios de la economía mundial, volviéndose así más resistentes a las crisis . Mejores regulaciones bancarias, el desarrollo de mercados de futuros y de fideicomisos (que facilitan la diversificación de los riesgos) y bancos centrales más eficaces serían las principales razones.

En ese sentido la flexibilidad que mostraron los mercados internacionales para procesar, sin mayores turbulencias, las consecuencias de los atentados a las Torres Gemelas (2001), la guerra de Irak (2003) y el reciclaje de fondos que resultó del incremento del precio del petróleo (2005-2006) son presentados como ejemplos paradigmáticos de la madurez y de la capacidad de adaptación que han desarrollado dichos mercados.

El 27 de febrero, una burbuja bursátil se pinchó en Shanghai . Los signos de la especulación eran evidentes: durante 2006 el mercado chino subió el 130% (en dólares), el volumen transado aumentó el 700% y 1.400.000 chinos abrieron nuevas cuentas bursátiles durante el mes previo al derrumbe.

El fuerte y súbito derrumbe de la Bolsa china se sintió en todos lados . A través de un efecto contagio el precio de las acciones y de muchos commodities cayeron en los mercados mundiales y la prima de riesgo crediticio aumentó.

Los analistas financieros mostraron sorpresa. Pero la mayoría sostuvo que se trataba de un simple sacudón , acotado al mercado chino y vaticinó que pronto los valores recuperarían su tónica alcista. Confiaban también que la economía norteamericana ajustaría sus desequilibrios en forma ordenada . El impacto sobre la economía mundial de la reducción del nivel de actividad en los Estados Unidos (suba de tasas de interés, enfriamiento del sector inmobiliario y caída en la demanda automotriz) sería compensado por otras demandas originadas en el resto del mundo, en particular en China, Europa y Japón.

Cierto, siempre hubo un núcleo duro de economistas que insistían en que el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos norteamericana era excesivo (7% del PBI) e insostenible en el mediano plazo y que el ajuste implicaría una depreciación del dólar y una reducción significativa del crecimiento de la economía norteamericana que se extendería al resto del mundo.

Para ellos, el fuerte incremento de los valores de los activos financieros y reales (los commodities y los activos inmobiliarios) de los últimos años tenía un fuerte componente especulativo originado en la abundante liquidez que ha prevalecido en la economía mundial.

Otros analistas se han preocupado por señalar la creciente brecha entre el optimismo que exudan los mercados y el visible deterioro de la situación política mundial : el agravamiento de la situación en Oriente Medio y el debilitamiento de la administración Bush podrían, en algún momento, incrementar la prima de riesgo político.

Vivimos una época donde la primacía militar, tecnológica y económica de EE.UU. es incontrastable. Pero la invasión a Irak ha reducido su liderazgo y su voluntad política . El surgimiento de China y la India desafían su hegemonía económica. La tradicional alianza con Europa ya no tiene la solidez que tuvo durante la Guerra Fría.

Un "crescendo" de reproches a la política exterior del presidente Bush dentro de los Estados Unidos y la inusual vehemencia en las críticas lanzadas por países como Irán, Rusia y Venezuela podrían ser los indicadores de un cambio en las percepciones y las expectativas.

El comportamiento de los mercados durante las últimas dos semanas ha sido errático y nadie sabe de verdad si se trata de una borrasca que precede nuevas subas o el primer síntoma de una tormenta . Cuando en los mercados predomina el espíritu especulativo y los niveles de endeudamiento son excesivos, un vuelco en las expectativas aumenta la ansiedad e incrementa las probabilidades de movimientos erráticos y de una liquidación desordenada de las inversiones.

Sería bueno que los argentinos recordemos que el ciclo económico mundial no ha sido abolido por la prosperidad de los últimos años y que los mercados no siempre son inmunes a los cambios geopolíticos.

El aumento del costo del crédito y la caída en el precio de los commodities pueden estar acechando a la vuelta de alguna esquina. Un llamado a la cautela no puede hacer mal.



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