El crecimiento y los desafíos para sostenerlo
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Editorial del diario Clarín
domingo 20 de abril |
En el primer bimestre del año la economía tuvo un crecimiento tan elevado como inesperado, considerando el contexto en que se produjo. Sin embargo, existen numerosas señales de alerta a las que es necesario prestar atención para sostener, aunque sea a un ritmo más moderado, el crecimiento.
En el mes de febrero la actividad económica creció casi un 9%, en relación al mismo período del año pasado, porcentaje que se repite en el primer bimestre del año.
De este modo se alcanzaron 62 meses de expansión, aunque febrero tuvo el primer retroceso en relación al mes precedente, por lo que el sentimiento en relación a las tasas expuestas debe matizarse.
De hecho, indicadores importantes como el de consumo de energía, muestran un ritmo de expansión inferior al de hace un año.
Por otra parte, la manipulación de los índices de precios que se utilizan para deflacionar el PBI arroja dudas sobre la evolución real del indicador de actividad.
Otro elemento a tener en cuenta es que desde hace meses el elemento más dinámico del PBI es el consumo, estimulado por las actualizaciones salariales y por los ingresos que obtienen empresarios o cuentapropistas que fijan precios.
De aquí surge que es necesario estimular la inversión para contribuir a mejorar la productividad de la economía.
Aumentar la productividad es indispensable para contrapesar la reducción del tipo de cambio real -debida a la creciente inflación- y para aumentar la oferta y reducir las presiones inflacionarias.
La inflación es, precisamente, uno de los problemas crecientes que no se ocultan con la manipulación de los índices y una de las principales preocupaciones de los empresarios, como se puso de manifiesto en la reciente reunión de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).
En la actualidad las expectativas de los inversores se enfrentan con diversos motivos de desánimo. Algunos son de orden puramente económico. Entre ellos, que el ritmo de incremento del gasto público es mayor que el de los ingresos fiscales, y el hecho de que parte de los gastos se cubren con ingresos del sistema de seguridad social, y el encarecimiento del financiamiento.
Otros son de carácter institucional. Entre ellos se cuentan problemas de estilo político del Gobierno, la intervención y consecuente pérdida de credibilidad del INDEC.
El Gobierno se enfrenta, por lo tanto, con el doble desafío de proveer políticas adecuadas para fomentar la inversión y corregir procedimientos que pueden ser útiles en la tribuna política pero que son perjudiciales para la actividad económica. Y, por lo tanto, dañinos para la suerte política del propio oficialismo en breve plazo.
En el frente externo la situación tiene sus claroscuros. El aumento de los precios de productos de exportación favorecen los ingresos de divisas, pero la crisis financiera ha encarecido el crédito y, si sigue avanzando, puede provocar una caída de la demanda externa.
Los problemas internos y externos reclaman, por lo tanto políticas estatales adecuadas que sólo pueden diagramarse e implementarse en una interacción con el sector privado. Para que eso sea posible es indispensable disposición a la negociación y a la búsqueda de consensos.
El encauzamiento de la negociación con el agro es, en este sentido, un hecho alentador que hay que cimentar con responsabilidad técnica y sin dar lugar a exabruptos que pueden incidir negativamente, con consecuencias lesivas para todos los participantes y para la sociedad en su conjunto.
La economía ha crecido aceleradamente pero la situación interna y la externa plantean desafíos. En lo económico preocupa la inflación y el aumento del gasto público y es necesario promover la inversión. Se requieren políticas públicas articuladas con el sector privado, para lo cual es necesario voluntad de negociación y formación de consensos.