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Encuentro de camaradería de la comunidad gráfica

“¿No les parece genial la idea de compartir un día de trabajo en el campo y brindar por otro año más que recorrimos todos juntos?”, bromeó el presidente de FAIGA, Anselmo L. Morvillo al invitar a levantar las copas para el brindis agradeciendo haber enfrentado “las alegrías y los sinsabores de la labor cotidiana” en el 2009 que llega a su fin y augurando lo mejor para 2010.

El tradicional encuentro anual de la comunidad gráfica – organizado por FAIGA – Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines que contó con la colaboración de AFCP – Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel, y también de las empresas Celulosa Argentina y Ledesma - para celebrar un período de trabajo y productividad cumplido, se realizó el viernes 13 de noviembre de una manera completamente diferente a lo que era habitual.

La reunión – con miembros de establecimientos industriales y firmas proveedoras del sector – tuvo lugar en Rodizio Campo, un predio en la localidad bonaerense de Lujan por la Ruta 5, con su viejo casco de estancia y un par de hectáreas de campo. Allí llegó la gente de la comunidad gráfica y papelera como lo hace habitualmente en las jornadas laborales, o sea sin la compañía de la familia, a un “Día de Campo”, para charlar al aire libre y en contacto con la naturaleza de “las cosas que nos pasan todos los días, de los problemas y de las cosas lindas” como puntualizó el presidente Morvillo.

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A tono con el perfil del evento no hubo discursos protocolares. El vicepresidente de FAIGA, Juan Carlos Sacco, brevemente, explicó por qué se había preferido dejar de lado las veladas de gala con sus más de mil invitados y las dos entidades organizadoras habían decidido invitar a algo distinto, un encuentro campestre para transmitir el mismo deseo de siempre: seguir trabajando juntos en un fructífero 2010.

Acompañando a su colega de FAIGA en el brindis, el presidente de AFCP, Osvaldo Vassallo, sólo pidió que “en esta época de violencia y pánico primara la sensatez y el sentido común”.

La jornada había comenzado a mediana mañana. Luego de estacionar sus autos, los invitados eran llevados en carruajes a caballo, entrando ya en clima, al lugar de la reunión. Bajo los árboles se fueron formando las rondas de charlas, matizadas con café y mate o bien gaseosas o el clásico vermú o directamente reconfortante vino. Para acompañar las bebidas allí estuvieron los quesos y fiambres campestres, el pan criollo y las clásicas empanadas.

En la típica casona de estilo campo se sirvió el almuerzo y, por supuesto, en el menú el plato fuerte fue la degustación de diferentes carnes cocidas a la parrilla. A los postres hubo un espectáculo de música y danzas nativas.

La tarde temprana fue el marco para divertidas partidas de truco y deleitarse con los criollos pastelitos.

Un reconfortante cierre festejando lo logrado en el 2009 que ya se va, que fue compartido por alrededor de 300 concurrentes y al cual hasta la lluvia sumó su aporte, no se hizo presente hasta tanto los comensales estuvieron resguardados bajo techo.

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