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El libre comercio después de la crisis
Economista Roberto Bouzas, magíster en Economía de la Universidad de Cambridge y director académico de la Maestría en Relaciones y Negociaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés y de Flacso/Argentina.

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El libre comercio es una especie de quimera, una idea muy poderosa que tiene 200 años de consolidación entre los economistas. El sistema de comercio internacional de los últimos 50 años ha tenido un enorme progreso en materia de liberalización, pero la liberalización nunca es homogénea. Una de las paradojas es que cuanto más liberalizás en términos de barreras fronterizas, más importancia pasan a tener las prácticas regulatorias internas.

No es fácil la idea del libre comercio donde todos ganan. Es un como un juego de cajas chinas: siempre hay otra caja más chica adentro y más complicada para abrir, porque surgen conflictos técnicos y políticos asociados a la regulación.

Ningún país puede hoy plantearse como agenda de desarrollo prescindir del vínculo con el resto del mundo. La idea de la autarquía me parece que está fuera de lugar, salvo que estemos en un contexto de desintegración con la economía mundial, que no es nuestro caso.

Los economistas tendemos a mirar el impacto distributivo del comercio internacional sobre los países. Pero lo más interesante desde el punto de vista de la política no es la relación hacia afuera sino hacia adentro, el efecto que la apertura o la protección tienen sobre sectores internos que son los que en definitiva forman coaliciones y se organizan para operar sobre los que toman decisiones. Toda estrategia de inserción internacional tiene un impacto distributivo que aún cuando sea positivo en términos netos (que gana el país), normalmente hay algunos, o muchos, que pierden, aunque sean en proporción menos a los que ganan. Toda política de integración más profunda requiere políticas que la acompañen para hacerla sostenible y viable. La autarquía es una utopía, pero es simplista la visión de que la apertura asegura el crecimiento y mejora la calidad de vida. La verdad está en el medio, y es complicada, porque requiere de instituciones sofisticadas que operen sobre esa integración.

Fuente: Suplemento de Comercio Exterior del diario La Nación, martes 24 de noviembre.

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