El siglo XXI, recién nacido, está trayendo un nuevo set de valores. Valores que son hijos de la complementariedad. Que siguen la lógica oriental del yin y el yang. Que unen los extremos, aparentemente opuestos, como las dos caras de una misma cosa. Donde la tesis y la antitesis surge una nueva síntesis. Valores que, en lugar de oponer, suman. Y esos valores se enmarcan bajo un nuevo paradigma madre que es el del “equilibrio dinámico”. Se asume ala Tierra como un ser vivo y a todo lo que hay en ella como parte de un todo superador. Al igual que sucede con el cuerpo humano, las partes deben estar en armonía para que el sistema integral resulte saludable.
Por eso ya no se puede tomando los recursos de este ser vivo sin renovarlos. Ni se puede consumir asumiendo que los bienes son infinitos. Ni se puede avanzar en el progreso individual sin pensar en el impacto que eso tiene en el tejido colectivo. Tampoco se puede gozar de las posibilidades recibidas sin considerar límite alguno.
Es con esos ejes que comienza a delinearse el primer boceto de lo que puede ser el mundo que viene:
Progreso sí, pero sustentable.
Libertad sí, pero responsable.
Consumo sí, pero eficiente.
Y, sobre todo, conciencia colectiva.
Más allá de todo el dolor que nos está causando este parto, el que está naciendo es un tiempo más inteligente, más maduro, más cauto, más reflexivo. Y, sobre todo más humano