Aunque se sabía de su grave enfermedad, el fallecimiento de Jorge Francisco Álvarez el pasado sábado 27 de febrero conmovió profundamente a la gente de FAIGA, entre la que era ampliamente conocido y apreciado.
Su trayectoria empresaria se desenvolvió principalmente en el área de formularios continuos y valores. Se desempeñó en importantes cargos en IVISA S. A. donde culminó ocupando la presidencia de esa empresa.
Sin embargo, se destacó en forma muy especial por su activa y constante participación en la actividad gremial empresaria. Actuó constantemente en la ex Cámara de Formularios Continuos y Valores, a la cual llegó a presidir. Fue uno de los más decididos propulsores de la nueva estructura de FAIGA basada en dos pilares: UGAR, la Unión Gráfica Regional, y UGAS – Unión Gráfica Sectorial.
Integró ininterrumpidamente el Consejo Directivo de FAIGA, donde actualmente ocupaba el cargo de Secretario. Asimismo, en UGAS, formó parte del Departamento de Formularios Continuos y Valores, al que condujo en varias oportunidades.
Desde la primera ARGENTINA GRÁFICA, en 1999, fue miembro de su Comité Organizador. Asumió la presidencia de este organismo para la Exposición de 2006 y seguía al frente del mismo también para la muestra de 2010. No escatimaba esfuerzos para que la Exposición Internacional de la Industria Gráfica y sus Proveedores fuera un éxito, pues consideraba que este evento es la oportunidad óptima para que todas las empresas a lo largo y a lo ancho del país tomaran contacto con la tecnología de avanzada.
Se interesó siempre por Fundación Gutenberg y apoyó sus actividades, asistiendo a todos los actos en que consideraba importante exteriorizar el respaldo.
Tanto en los momentos de discusión y debate, en los que aportaba sus puntos de vista con equilibrio y claridad de concepto, como en las reuniones sociales donde mostraba su buen humor y cordialidad, se ponía de relieve la gran calidad humana de Jorge Álvarez.
“Un hombre bueno que deja una enorme herencia en el corazón de todos los que lo conocieron”, dijo el sacerdote en el responso previo a la inhumación, y la emoción embargó, en algún caso hasta las lágrimas, a los que asistían a la ceremonia.