El liderazgo de la economía mundial
Por Ricardo Arriazu, economista

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La economía mundial está siempre en un proceso de cambio. Una mirada a lo que pasó en el mundo durante los últimos 500 años puede ser útil para proyectar potenciales cambios futuros. Estimaciones de Angus Madisson muestran que hacia el año 1500 el PIB mundial era equivalente a casi 250 mil millones de dólares (con el poder de compra de 1990), y que el 65% de este monto se concentraba en Asia. La estimación de la población mundial para ese mismo año era de 438 millones de personas, de los cuales el 65% residía en países asiáticos. Estas cifras arrojan un ingreso por habitante de 566 dólares a nivel mundial, casi idéntico al ingreso por habitante en Asia.

India era el país con mayor cantidad de habitantes (110 millones) seguido de cerca por China (103 millones), pero el PIB de China era ligeramente más elevado (61,8 mil millones frente a 60,5 mil millones). La población de Europa representaba el 13,1% del total mundial pero su PIB representaba el 17,8%, lo que mostraba que el ingreso por habitante en Europa superaba en un 29% al de China y en un 36% al del conjunto de los países asiáticos. Italia era el país con el mayor PIB en Europa y con el mayor ingreso por habitante del mundo (1.100 dólares) lo que reflejaba la prosperidad económica asociada al renacimiento.

Las estimaciones para América Latina muestran una población de 17,5 millones de habitantes y un ingreso por habitante equivalente a 400 dólares, no muy distinto al promedio mundial. La diferencia entre el país más rico y el promedio mundial era mucho más baja que en la actualidad, aunque poco sabemos de la distribución de este ingreso.

Una mirada a las estimaciones para el año 1700 muestra algunos cambios significativos. Durante este período se dio la gran expansión de Holanda y del Reino Unido, (impulsado por el crecimiento del comercio internacional y por una gran actividad en el campo de las ideas), el comienzo de la decadencia de Asia, y de la reducción de la población en América Latina.

Durante este período el PIB mundial se incrementó el 50%, al mismo tiempo que la población lo hizo en un 38%. Asia incrementó su participación en la población mundial pero redujo su participación en el PIB, lo que se reflejó en un crecimiento casi nulo del ingreso por habitante. Por el contrario, la participación de Europa en la población se incrementó mucho menos que su participación en el PIB, y el ingreso por habitante creció casi 30% incrementando la brecha con el PIB mundial. Alemania pasó a ser el país europeo con el mayor PIB total, pero el gran crecimiento se dio en el Reino Unido que casi cuadruplicó su PIB total y pasó a ser (junto con Holanda) el país con el mayor PIB por habitante del mundo.

Los siguientes doscientos años fueron testigos de la aceleración del crecimiento económico mundial, de una explosión demográfica, de la aparición de los Estados Unidos como la gran potencia mundial, y la decadencia de China y de la India. Durante este período el PIB mundial se quintuplicó mientras que la población creció el 150%, de este modo el ingreso por habitante mundial se duplicó. China pasó a representar casi el 26% de la población mundial pero sólo el 11% del PIB, mientras que India representa el 18% de la población mundial y solo el 8,6% del PIB mundial. Europa pasó a ser la región dominante (34,2% del PIB mundial), pero los EE. UU. se transformaron en la gran potencia mundial multiplicando casi 600 veces el valor de su PIB (pasó de sólo el 0,14% del PIB mundial al 15,8%). América Latina inició durante este período (liderada por nuestro país) un proceso de recuperación duplicando su participación en el PIB mundial.

Esta tendencia se profundizó en los primeros 50 años del siglo XX, al continuar la pérdida en la participación en el PIB mundial de China e India, al mismo tiempo que se consolidó el liderazgo de los EEUU. Asimismo se redujo la importancia relativa de Europa (por los efectos de la guerra) y se consolidó la recuperación de América Latina. Esta situación se revirtió en la segunda mitad del siglo XX. Asia recuperó su dinamismo y más que duplicó su participación en el PIB mundial (liderados por Japón y China), los EEUU y Europa comenzaron a perder participación relativa, y América Latina mantuvo la suya.

Los indicadores más recientes parecen indicar que esta tendencia continuará, pero con una recuperación más pronunciada en India y África, como así también en Rusia y Brasil. Si bien la recuperación de estas regiones durante la segunda mitad del siglo XX fue muy moderada, los cambios que introdujeron recientemente en el funcionamiento de sus economías (abandonando viejas prácticas proteccionistas) fueron exitosos en acelerar el ritmo de recuperación. Los pronósticos demográficos indican que la mayor porción del crecimiento poblacional durante las próximas décadas se concentrará en estas dos regiones geográficas por lo que, si consolidan sus éxitos económicos recientes, su participación en la economía mundial debería incrementarse en forma significativa. Por el contrario, se espera que las poblaciones de Japón y Europa disminuyan, y que la de China crezca mucho menos que en el pasado reciente, por lo que tanto sus tasas de ahorro como sus tasas de crecimiento deberían debilitarse, reduciendo de este modo su participación en la economía mundial.

Estas cifras muestran que, al igual que las personas, los países nacen, crecen, maduran, decaen y mueren, y que las distintas dinámicas de los países afectan el funcionamiento de la economía mundial. La interacción entre individuos y países son un elemento esencial de estos procesos de cambio. Generalmente, la cultura de los países económicamente más importantes tiende a modificar la de otros países en mayor proporción que los cambios que sufre su propia cultura. Los cambios que se avecinan en la economía mundial inevitablemente afectarán los flujos de comercio y la cultura mundial.

Fuente: Diario Clarín de Buenos Aires, domingo 2 de mayo

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