En la sociedad argentina es frecuente recurrir al ejemplo del “primer mundo” para establecer horizontes y expectativas de resultados. Más específicamente, los países escandinavos suelen estar entre los mejores posicionados en las mediciones internacionales de desempeño escolar.
¿Qué están haciendo entonces estos países pioneros en pedagogía? Simple: Invertir en libros impresos en papel.
Un antecedente lo reportó Suecia en 2023, tal como lo documentó Argentina Gráfica Cromática (AGC) nro. 452: “Los libros contraatacan en las aulas”, cuando su Ministra de Escuelas, Lotta Edholm, decidió “cancelar su plan de educación digital y redireccionó los fondos para la distribución de libros de texto”. Esta decisión fue tomada en base a la comparación de resultados decrecientes de rendimiento escolar.
Pero esta decisión no fue aislada. En octubre de 2023 el parlamento danés firmó un acuerdo por el cual invertirían más de €720 millones en libros impresos para escuelas primarias y secundarias con el objetivo de “reducir el uso de pantallas y herramientas digitales en la instrucción y fortalecer el placer de la lectura”.
Más recientemente a principios de 2026, el Gobierno de Noruega introdujo la Iniciativa de Impulso a la Lectura, que consiste en medidas como asignación de 15 minutos diarios en las escuelas para fomentar hábitos fuertes de lectura, aumentar la disponibilidad de libros físicos en escuelas y jardines de infantes, invertir en bibliotecas escolares priorizando los libros impresos, proveer guías de lectura intensiva en todos los niveles educativos y destinar fondos para el apoyo de casos con dificultades de lectura. Este programa cuenta con un presupuesto de casi €90 millones para un período de cuatro años.
Por su parte, Finlandia se encuentra ejecutando desde 2021 su Estrategia Nacional de Alfabetismo, proyectado hasta 2030, el cual consiste de varios sub-programas que articulan el fortalecimiento de las estructuras escolares, bibliotecas y municipales creando vínculos directos con las familias para la promoción de la lectura de libros impresos.
El caso de Islandia se encuentra en actualización, ya que su parlamento se encuentra elaborando un nuevo plan de alfabetización con objetivos a 2030. Los objetivos de este plan se enfocarán primariamente en desarrollar hábitos de lectura entre niños y jóvenes, dedicando además refuerzos presupuestarios en programas que promuevan la lectura y la creatividad, articulados con las bibliotecas públicas.
Estas medidas también están complementadas por una creciente limitación del uso de pantallas, sobre todo durante el horario escolar. Los principales argumentos son las distracciones que representan los dispositivos electrónicos en las aulas. Estas medidas incluso se están viendo replicadas en otros países no escandinavos, como Italia y Francia.
Lo viejo es actualidad
Estas políticas públicas representan un giro de 180 grados respecto a los planes que se comenzaron a implementar hace más de una década atrás, donde se promovía la digitalización de las aulas para que los estudiantes adquieran desde temprana edad las capacidades para el uso de dichas tecnologías.
¿Qué fue lo que cambió? La evidencia científica.
Un reporte de política educativa el gobierno de Noruega establece que se proveerá a los establecimientos educativos de “guías basadas en evidencia referida a instrucciones de lectura efectiva y en abordajes estratégicos y sistemáticos para la lectura en temprana edad”.
Esta evidencia, por ejemplo, se sustenta en estudios como los citados en el paper “No tires tus libros impresos: Un meta-análisis de los efectos de los medios de lectura en la comprensión lectora” (reproducido en AGC nro. 456). En este artículo de la Universidad de Valencia se analizaron diversos estudios sobre los efectos de aprendizaje de la lectura tanto en papel como en pantallas. Entre las diversas observaciones vertidas, una destacada consistió en que “los datos sugieren que la inferioridad ante la pantalla es un problema importante en todos los grupos de edad que se agrava a medida que aumenta la presencia de la tecnología.”
La literatura se encuentra íntimamente relacionada con estos procesos de aprendizaje, como lo explica el artículo de divulgación del CONICET sobre dos estudios del investigador José María Gil (reproducido en AGC nro. 460). Entre sus conclusiones, Gil consideró que la literatura “tiene un valor central en el desarrollo de la competencia lectora porque expone a los estudiantes a la polisemia, la ambigüedad y la complejidad conceptual”.
Pero la condición necesaria para que todo se sustente recae en los hogares y, sobre todo, en la cultura. Es por eso que las políticas escandinavas, en sus objetivos apuntan a la creación de hábitos de lectura. En algunos casos también cuentan con costumbres arraigadas que favorecen estos factores, como la costumbre de Islandia de regalar libros para navidad (AGC nro. 457: “La Inundación de Libros de Islandia”) que promueve un lazo íntimo y afectivo con la literatura como mediadora.
La evidencia científica hoy sustenta la necesidad de los libros como un medio insustituible en la educación de futuras generaciones. Estas conclusiones se encuentran en resonancia con una recurrente expresión del Presidente de FAIGA, Juan Carlos Sacco: "Hace 30 años, con el lanzamiento del E-Book, todos afirmaban que el libro iba a desaparecer. Pero yo sostuve con firmeza que el libro nunca iba a morir. Y 30 años después, la ciencia, el crecimiento de la Feria del Libro y la inversión del Gobierno, aunque moderada, en libros escolares y literarios me dan la razón."
Fuentes Externas:
Plataforma de Políticas Nacionales de la Comisión Europea: https://eurydice.eacea.ec.europa.eu/eurypedia
Iniciativas de Gobierno para Incrementar la Lectura y el Interés en la Lectura entre Niños y Personas Jóvenes en los Países Nórdicos - Publicación del Concejo Nórdico de Ministros: https://pub.norden.org/nord2024-037/introduction.html